ESPÍAS

La profesión de espía es sumamente singular cuando el espía trabaja por su propia cuenta. ¿No experimenta este acaso la excitación de un ladrón sin dejar de aparecer como un ciudadano honesto? Pero el hombre que abraza este oficio debe estar preparado para hervir lentamente de cólera,  consumirse  de  impaciencia,  permanecer erguido en el fango mientras se le hielan los pies,  congelarse, abrasarse,  y  sentirse defraudado por falsas esperanzas. Debe estar preparado, apenas reciba una mera indicación, para trabajar en procurar una meta desconocida; debe sobrellevar la desilusión de fracasar en su empeño;  debe estar preparado para correr, permanecer inmóvil, quedarse durante horas observando una ventana, para inventar mil modos de acción… La única excitación que puede compararse con esta es la que siente un jugador.

HONORÉ DE BALZAC

 

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