DIARIO DE CLASE

Escribo estas líneas mientras se celebra el debate televisivo entre los señores Rajoy y Rubalcaba, y confieso mi absoluta falta de interés por semejante show y mi incapacidad para comprender cómo alguien puede cambiar su intención de voto o de no voto en función de una interpretación más o menos lograda de cualquiera de estos dos consumados actores.

Dicho esto, paso al tema del que quiero ocuparme.

Esta mañana, en una de mis clases de segundo de Bachillerato, hemos comentado un fragmento del discurso de entrada en la RAE de Javier Marías, “Sobre la dificultad de contar”.

En el fragmento seleccionado, el escritor alude a  la incapacidad de algunas personas de contar nada a derechas, y se refiere a un conocido suyo, al que llama Vian, que tuvo que testificar en un juicio y que, para perplejidad del juez y de todos los presentes, fue incapaz de concretar nada de lo que vio el día de autos, y se pasó todo el tiempo diciendo vaguedades:

«Biennn, cómo contestarle, pues verá, señoría, había salido yo a dar un paseo, así, al atardecer, totalmente solo, a mis anchas, como por la Castellana, o sea como a refrescarme sin más, es decir, sin intenciones, ¿verdad?, tranquilo, mis cosas, tal. Ya sabe, como que al terminar la jornada lo que más le apetece a uno es desentumecerse un poco, mmm, zancada larga, paso firme, tal. Bueno, hablo por mí, no sé si a su señoría…»

Y afirma Marías:

«Salvando las distancias, hay narradores que no pueden contar nada porque sólo saben contar como aquel conocido mío, Vian, en el mencionado juicio de faltas. Es decir, no saben cómo ni dónde empezar, ni cómo continuar, ni todavía menos cómo terminar. De hecho podrían no terminar nunca, o, lo que es más grave, jamás comenzar. No es simplemente que se vayan por las ramas, según la expresión popular, sino que al relatar un suceso, en su afán por “reproducirlo” con palabras, se ven obligados a no prescindir de los infinitos elementos que precedieron o rodearon a tal suceso. Deben indicar la hora, la época del año, la temperatura, el escenario, las costumbres, el estado de ánimo, la profesión del que narra y las de los involucrados, la perspectiva, lo que vieron y oyeron a cada instante. En cierto sentido, han de remontarse a los orígenes del mundo antes de relatar cualquier episodio, cualquier incidente, cualquier anécdota, cualquier minucia. Y no arrancan.»

Pues bien, andábamos en clase a vueltas con este texto, viendo que narrar significa seleccionar algunos elementos de la realidad, dejando necesariamente otros de lado, lo cual implica, también necesariamente, adoptar un determinado punto de vista; y después de la explicación, les propuse a los alumnos que hicieran una pequeña narración en la que contaran cómo uno de ellos, en un día de lluvia, llega tarde al instituto y por eso es enviado a la biblioteca y se queda sin poder hacer un determinado examen que llevaba muy bien preparado. Se trataba de ver cómo lo hacían y las distintas diferencias de enfoque. No obstante, la mayoría se limitó a hacer una narración muy plana, contando una serie de hechos que se sucedían de forma lógica sin más. Solo una chica, Marta, logró despertar el interés de todos desde el comienzo de su relato, cuya primera frase creo recordar que era más o menos parecida a esta: «¡Hay que ver la mala suerte que tengo! Precisamente hoy …» Pues bien, yo también, al llegar a casa, me he puesto a hacer los deberes y a construir mi propia narración, que, al margen de calificaciones, se la brindo a ellos.

CONTRATIEMPOS

¡Vaya manera de empezar el día! Pongo el despertador temprano para repasar un poco el examen de matemáticas, y no me suena; mis pantalones preferidos están en la ropa sucia, y encima mi madre me echa la bronca porque dice que soy una desordenada y que no me preocupo de mis cosas. Voy tarde, y para colmo llueve a cántaros. Una masa de alumnos se agolpa en la entrada del instituto queriendo entrar todos a la vez, y los paraguas se entrechocan, y un renacuajo de la ESO a punto ha estado de sacarme un ojo con el suyo. Intento abstraerme y repasar mentalmente las fórmulas. Necesito aprobar, recuperar el último examen que, dicho sea de paso, la profesora me suspendió por todo el morro, porque yo había planteado bien el problema y en lo único que me equivoqué fue en el resultado; un simple error, en vez de multiplicar, dividí, y solo por eso me cateó. ¡Ufff…! He llegado a tiempo por los pelos, a ver si localizo a Juan, que me muero de ganas de verlo. Este fin de semana no ha podido ser, pero esta tarde no tengo nada que estudiar y salimos seguro. El timbre está sonando, me voy deprisa para la clase para coger un buen sitio. Me gusta sentarme delante, tener a la profesora a mano para preguntarle cualquier duda, y que esté todo limpio y ordenado a mi alrededor. No sé, las últimas filas siempre me han parecido las peores, algo así como vivir en un barrio chungo. Por fin dentro. Estoy empapada y hasta los apuntes se me han mojado. Clara me ve y me da un gran abrazo; está eufórica porque dice que esta vez ha estudiado mucho y que seguro que aprueba. De pronto, alguien nos toca en el hombro.

—Lo siento, venís con cinco minutos de retraso y no podéis entrar; tendréis que quedaros en la biblioteca —es el conserje.

—Pero hombre, enróllate, ¿no ves la que está cayendo? ¡Demasiado que hemos podido llegar! Y encima tenemos un examen.

—Lo siento, yo solo cumplo órdenes.

Y a regañadientes, subimos las escaleras.

No hay derecho, seguro que la profesora no va a querer recuperarnos este examen, y a la mierda todo lo que he estudiado.

Después, a la siguiente hora, me entero de que ella tampoco ha conseguido llegar (no me extraña, porque llovía que parecía que se iba a caer el mundo), y de que el examen queda aplazado hasta la semana que viene.

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3 comentarios el “DIARIO DE CLASE

  1. Jose dice:

    Pues aquí andamos otra vez…

    Ya que haces referencia al debate televisado de Rubalcaba y Rajoy, decirte que tienes razón, que lo que están haciendo ahora es un acto como de una obra de teatro… y es que tiene miga la cosa… Para entender lo que está pasando esta noche, tendríamos que irnos al año 1960, momento en el que se televisó el primer debate a nivel mundial… y claro, esto pasó en Estados Unidos… Los oponentes en este caso fueron Richard Nixon y John Fitgerald Kennedy… El caso es que los que escucharon el debate por la radio, lo valoraron muy positivamente, declarando vencedor a Nixon, mientras que los que veían la televisión, dieron la victoria a Kennedy… Y es que la imagen vale más que mil palabras… El motivo de la derrota televisada de Nixon fue la estancia en el hospital a causa de la rotura de una rodilla y que le mantuvo alejado durante más de dos semanas de la vida pública, apareciendo en el momento del debate desgarbado, mucho más delgado y la mirada en muchos casos le delataba de que no estaba convencido de lo que decía… Lenguaje corporal… En cambio Kennedy acababa de llegar de unas vacaciones, estaba bronceado, fresco como una rosa y su aspecto difería totalmente con el de Nixon… Y desde entonces, la imagen en un debate televisado, tiene más de actores que de políticos…

    Por cierto, huelga decir que Kennedy ganó las elecciones…

    Te dejo un link de YouTube con el discurso porque la verdad es que merece la pena verlo después de toda la parrafada… Y es que una imagen, vale más que mil palabras…

    En cuanto al cuento y la actividad que le has puesto a tus alumnos, me ha gustado mucho cómo lo has enfocado… Por acciones como estas, te recordarán siempre… 🙂

    Seguimos compartiendo, seguimos aprendiendo…

  2. Marta dice:

    Mi relato no comenzaba así exactamente profesora, pero recuerdo que le gustó. De todas maneras no me halague demasiado, que luego si suspendo algún examen de lengua o literatura me deprimo.
    Y sinceramente, ya que estamos, prefiero mucho antes las clases que da cuando nos cuenta anécdotas o nos trae algún texto de la actualidad, o como en aquella ocasión que tuvimos que escribir un relato a dar el libro de texto.

  3. drigutcar dice:

    Yo creo que el mundo se puede contemplar desde muchas ópticas, y todas son interesantes, e incluso divertidas; lo importante es estar atento y despierto.

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