SOFÍA, PRINCESA DE LA CIENCIA

rusa
Día de invierno en San Petersburgo. Por las orillas heladas del Neva va caminando una muchacha menuda de ojos vivaces e inquietos, que de vez en cuando sacude la cabeza como para retirarse los mechones  de  pelo rebelde que le molestan. Su nombre es Sofía Kovalevski; hace poco que ha regresado de Berlín donde ha estado estudiando con el profesor Karl Weirstrass,  y publicado su tesis doctoral.

Su padre, Vasili Korvin-Krukovsky, militar al servicio del zar  Nicolás I, a pesar de haberle proporcionado una esmerada educación, nunca ha apoyado sus proyectos intelectuales (los califica de majaderías); así que ella, para burlar su destino de mujer y poder viajar fuera de Rusia, no ha tenido más remedio que recurrir a la estratagema de casarse con un amigo, Vladimir Kovalevski, paleontólogo.

Sofía admira a su hermana Aniuta,  tan libre e independiente.  Fiodor Dostoievski anduvo enamorado de ella y, después de publicarle algunos cuentos en su revista, incluso llegó a proponerle matrimonio. Aniuta, solo por llevarle la contraria a su padre, que se oponía a que se casase con un hombre que le llevaba tantos años, a punto estuvo de aceptarlo, pero después se lo pensó mejor y lo rechazó,  quizás porque no estaba dispuesta a compartir con él ni un ápice de la celebridad que soñaba para ella misma. Dicen que ella es Aglia, uno de los personajes de «El idiota».

Aniuta es nihilista, y desde luego que Sofía está de acuerdo con su forma de pensar; al igual que ella, rechaza y no piensa asumir el  papel que la sociedad le obliga a desempeñar como mujer.

A Sofía le gusta escribir, desde pequeña ha amado la literatura y la poesía, y le apasionan también la física y las  matemáticas. En realidad, piensa que poesía y matemáticas son algo muy parecido,  tratan de lo mismo, de desvelar los secretos ocultos de la realidad con instrumentos de precisión tan certeros como las palabras y los números.

El frío es intenso, y hace ya un buen rato que ha caído la noche; algunas sombras inquietantes se perfilan sobre el río, pero ella sigue allí de pie, protegida por un grueso abrigo y un gorro de piel de castor que le cubre las orejas, y se deja llevar por sus recuerdos.

En realidad, ¡cuánto le debe a su tío Piotr Vasiliev! Durante su infancia, pasaban juntos largas veladas en las que él la iba introduciendo en los arcanos de la ciencia, y le explicaba la cuadratura del círculo o la resolución de ecuaciones. ¿Qué habría pasado si él no le hubiera abierto todas estas ventanas? ¿Se habría despertado en ella la misma ansia de conocimiento y de saber que hasta ahora han sido el faro de su vida? ¿Hubiera llegado a convertirse en la que hoy es,  o se hubiera resignado a llevar la misma vida gris de la mayoría de las mujeres rusas?

Un ansia secreta la ha guiado desde pequeña, como si su destino hubiese estado escrito desde siempre. ¿Por qué a su madre, en aquella ocasión, cuando ella contaba solo once años, le dio por acabar de empapelar su habitación con aquellas notas de clase de Ostrogradsky? Recuerda que se pasaba las horas con la mirada fija en ellas, en un esfuerzo doloroso por memorizar los signos y descifrar su significado.

Se está quedando helada, tiene que darse prisa  o llegará tarde a la cena. Después, Vladimir y ella asistirán a un baile. Hoy sí, hoy le apetece que él la estreche muy fuerte entre sus brazos. Hace tiempo que él la desea, y ella está empezando a sentirse atraída por él. A lo mejor es que se está cansando de su modo de vida, y que en el fondo tiene el mismo sueño de muchas mujeres, convertirse en ama de casa y en madre de familia.

Al fin y al cabo, aún es muy joven  y piensa que todo cabe en su futuro.

NOTA.- Sofía Kovalevski, matemática rusa nacida en Moscú en 1850 y muerta en Estocolmo en 1891, fue la primera mujer en Europa que ganó una cátedra de matemáticas en la Universidad de Estocolmo. Un cráter de la luna lleva su nombre, y en su época fue conocida con el nombre de «princesa de la ciencia». La narración de Alice Munro «Demasiada felicidad», que da nombre al libro del mismo título, está basada en su biografía.

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3 comentarios el “SOFÍA, PRINCESA DE LA CIENCIA

  1. INSOMNE dice:

    Cada día me doy más cuenta: ¿qué sería del mundo sin las mujeres? Respuesta:un aburrimiento.
    Saludos

  2. drigutcar dice:

    También sería muy aburrido un mundo solo con mujeres; en fin, que aquí cabemos todos.

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