CON EL AGUA AL CUELLO

En la última de sus novelas, «Con el agua al cuello», Petros  Márkaris hace que el comisario Jaritos para resolver una serie de misteriosos asesinatos en los que todas las víctimas son banqueros o gente relacionada con el mundo de las finanzas, se desplace de un lugar a otro, de su casa a la comisaría,  al hospital, o a un bar de gays,  por una Atenas de tráfico imposible, por cuyas calles no se puede circular debido a las continuas manifestaciones.

La crisis económica constituye el telón de fondo sobre el que se desarrolla la acción. Sus personajes, policías, médicos, propietarios de negocios, secretarias o jubilados, no tienen más  preocupación que el negro presente que les está tocando vivir y el futuro aun más negro que se les avecina. Al propio Jaritos le han bajado el sueldo y su mujer lo estira como puede y aprovecha todas las ofertas del supermercado para poder llenarle también la nevera a su hija recién casada, sin que su yerno, cardiólogo, se entere.

Cuando Jaritos va a comprarse un coche, por solidaridad con España, que forma parte de los PIIGGS, los «cerdos», los países más afectados por la crisis, se decide por un Seat Ibiza.

Y por la misma razón, en el Mundial de Fútbol, las simpatías de los griegos están con la selección española, se conocen de memoria los nombres de sus jugadores, y gritan enfebrecidos cuando Iniesta marca el gol.

Uno de sus personajes dice:

«—No queremos que el Fondo Monetario Internacional gane el Mundial; nos lo han quitado todo, no se quedarán también con el Mundial.»

Me da la impresión de que en esta novela hay muchas menos dosis de cinismo que en la novela negra americana al uso, y de que la frontera entre el bien y el mal está bastante delimitada. De la mano de Jaritos el lector se va introduciendo en diversos sectores de la sociedad griega,  y al igual que los griegos  afectados por la crisis, no puede menos que sentir una cierta simpatía por ese misterioso ejecutor, que cual si fuese la mano vengadora de Yahvé, ha decidido tomarse la justicia por su mano.

Al fin y al cabo, esto es ficción, ficción de la buena, pero metida hasta las trancas en el estercolero de la realidad.

Y al leerla descubres que, si no fuera por los dichosos nombres griegos, tan enrevesados, todo lo que en ella se nos cuenta, nos resulta muy familiar a los españoles: el paro, los recortes salariales, los sobornos, la corrupción, el dinero negro, el desprestigio de la clase política y el pesimismo generalizado que nos invade.

Al principio de la novela, la línea de investigación oficial, de la que se aparta Jaritos, es que los crímenes estén siendo cometidos por algún grupo terrorista que haya decidido actuar contra los banqueros.

Y hoy, aquí en España, nos hemos desayunado con la noticia de que se ha detenido a un grupo terrorista, RG, «Resistencia Galega», de independentistas radicales,  que podría haber sido el responsable del atentado contra la casa de Fraga en Villalba y de la colocación de explosivos en algunas entidades bancarias.

No sé, da la impresión de que, una vez más,  la realidad imita a la ficción.

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3 comentarios el “CON EL AGUA AL CUELLO

  1. rosa maria dice:

    ahora tengo lectura suficiente hasta navidad, pero me apunto a leerla ¿me dejarás el libro cuando vaya?. Mi amiga Idoia va a encargar tu libro pero lo quiere dedicado, le digo que yo se lo regalo pues compré varios en su día y me dice que no. Quiere comprarlo y dedicatoria. ¿has visto?

  2. drigutcar dice:

    Pues qué bien, dale besos; y en Navidad te lo dejo, ¡claro!

  3. Enrique dice:

    ya hablaremos

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