SNOBS

Creo haber leído hace tiempo una anécdota sobre Rubén Darío en la que a este, en Paris, al salir de un restaurante, alguien le pregunta si le había gustado el sitio, y él le responde que sí, pero que qué lástima que fuera tan barato; una repuesta de esas de epatar, dignas del espíritu que caracterizó a la juventud modernista de finales del siglo XIX, y desde luego de alguien muy snob.

Los snobs son aquellos a los que les gusta sentir que pertenecen a un club muy selecto y restringido del que por definición y convicción excluyen a la mayoría.

Snobs eran los que consumían el arte de vanguardia sin entenderlo, los que  pagaban un riñón por  la comida desestructurada de El Buli, o los que se visten a la última aunque les siente como un tiro.

Hasta hace poco, tener un avión privado, barco propio o jugar al  golf eran lujos y aficiones reservadas solo a los privilegiados que se lo podían permitir; y, sin embargo, hoy el golf se ha democratizado y está al alcance de muchos, lo de tener un barco también está al alcance de bastantes, y muchos millonarios  de los del ladrillo se desplazan en avión privado para poder presumir de status.

En fin, que en estos tiempos de globalización que corren lo de practicar el esnobismo se está poniendo cada vez más difícil.

No obstante, yo no desisto.

Y a mí, al grupo al que me gustaría pertenecer es al de la gente libre  que camina sin impedimenta, que piensa lo que quiere, dice lo que quiere y hace lo que quiere.

Este club sí que me parece de verdad exclusivo.

Y cuando los demás me importunen porque no me uno a ellos o a sus causas, ser capaz de hacer como Guido Cavalcanti, el poeta florentino al que, según se nos cuenta en El Decamerón (VI, 9), un día que iba paseando por entre unos sepulcros de mármol, delante de una iglesia, lo increparon unos jóvenes nobles con la intención de burlarse de él, ya que nunca se les unía en sus juergas; y él, después de responderles, «poniendo la mano en uno de los sarcófagos, que eran grandes, como agilísimo que era dio un salto y cayó del otro lado y, librándose de ellos, se marchó.»

Sí, con esta gracia y con esta agilidad envidiables, con esta levedad me gustaría moverme por el mundo.

«Sì come colui che leggerissimo era».

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2 comentarios el “SNOBS

  1. Jose dice:

    Me encanta la entrada de hoy… Al investigar un poco sobre la figura de Guido Cavalcanti, veo que no sólo aparece en “El Decamerón”, sino que también aparece una referencia suya en “La Divina Comedia” de Dante, concretamente en el “Canto X”… y en el “Retrato del artista adolescente” de James Joyce, que también hace una pequeña referencia, hablándole de su “humor sombrío”… Tuvo que ser todo un personaje en su época…

    Sobre lo que sueñas… ten cuidado, pues podrían hacerse realidad… 🙂

    Muchas gracias, como siempre… seguimos aprendiendo…

  2. Pilar Alvarez dice:

    Me apunto a ese club.. así como alguien tan ligero..

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