MI ODRADEK

Hace unos días, cuando andaba dándole vueltas al cuento de Kafka sobre los odradeks, me quedé perpleja al encontrar sobre la mesa de mi cocina una madeja de hilos confusos y apelmazados, que no tenía ni idea de cómo podía haber ido a parar allí.

La guardé como un tesoro.

—Eso es la ley de la sincronicidad —me explicó un amigo cuando se lo comenté.

Y quizás, debido a esa misma ley de la que solo tengo una vaga noción, hoy justamente me encuentro con un artículo de Vila-Matas en el que afirma que el odradek, por su eterno y despiadado sentido de la venganza, puede que sea la literatura misma.

De nuevo, la venganza.

La literatura como la eterna réplica de una inmensa legión de frustrados a los que las palabras siempre acuden tarde para la respuesta oportuna.

Y mientras me pregunto sobre si lo que escribo no será al  fin y al cabo más que un ajuste de cuentas con mi pasado, y redacto estas notas, mi odradek particular me mira malicioso y se carcajea de mí.

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2 comentarios el “MI ODRADEK

  1. viva dice:

    ¡ay, nuestros bellos e inútiles odradeks!

  2. rosa maria dice:

    veo cambios en el blog, me gsta bastante más, ese color verduzcon era como las mesas camillas rasposas, te reirás…. este fondo mucho mejor
    Chiao

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