HUMOR NEGRO

Estamos padeciendo una gravísima crisis económica. La economía va fatal. Esta noticia, por repetitiva, ha dejado de ser noticia. Además, la mayoría desconocemos ese argot técnico que emplean para explicarnos la realidad que padecemos. ¿Quién me puede explicar con palabras sencillas qué quiere decir exactamente bonos basura, prima de riesgo, hipotecas subprime, productos derivados, etc…?
Lo malo es que detrás de tanta palabreja y tanta macrocifra se esconden tragedias personales: familias enteras en el paro, desahucios, falta de liquidez y de horizonte para los jóvenes.
Alguien me decía el otro día:
—Ten en cuenta que aún no hemos tocado fondo, y que las cosas pueden ir a peor.
Y, efectivamente, por más glamour con que despidamos el año viejo y demos la bienvenida al nuevo, este se presenta con las perspectivas más sombrías.
Por cierto, que el otro día leí en el periódico (no sé si será verdad, o si la información nace con vocación de profecía autocumplida), que la gente, como consecuencia indirecta de la crisis, invierte ahora más en estética y en cuidados personales y va más al gimnasio, afanados por estar en buena forma física y por procurarse pequeñas satisfacciones personales en un momento en que las grandes están fuera del alcance de la mayoría.
En cuanto a mí, yo me refugio en la lectura, la escritura, la música y los amigos.
El otro día, después de escuchar a Mahler en el Maestranza, camino de un bar donde tomarnos una copa, mi amiga María me dijo:
—Oye, tienes que escribir en tu blog sobre lo monísimas que vamos todas.
Claro que sí, María, como eres una gran amiga y una de mis lectoras más fieles, repito aquí tus palabras: «Íbamos todas monísimas (y todos, por supuesto)»; que aquí el que no se consuela es porque no quiere.
María es guapa, vital, conversadora, y tiene mucha gracia.
A veces, haciendo gala del mejor humor negro, repite lo que decía una mujer de su pueblo en los años del hambre: «Pues el que no se muera este año, p’al que viene le va a pesar».
Lo que no sé es si, a partir de ahora, en vez de reírnos cuando la escuchemos, vamos a tener que empezar a aplicarnos el cuento, aunque de todas maneras, lo que es arrepentirnos, hace ya tiempo que nos hemos empezado a arrepentir.

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