AQUELLOS LIBROS MÍOS

Hoy quiero escribir sobre aquellos libros míos, los primeros que tuve, que iba comprando con el dinero que me daban en casa para la semana, «La montaña mágica», «La metamorfosis», «Guerra y paz», «El Quijote», pero que circularon tanto, había tanta gente que me los pedía prestados, que acabé perdiéndoles la pista, y actualmente ya no conservo ninguno.
Cierto día de mi juventud, paseando por El Jueves, en Sevilla, me paré en un tenderete, y cuál no sería mi sorpresa al encontrar mi firma entre las primeras páginas del libro que estaba ojeando, entresacado de un montón a precio de saldo, aunque yo no tuviese ni idea de cómo demonios había podido ir a parar allí.
De todos ellos, uno de los que recuerdo con más cariño es «Poemas y antipoemas», de Nicanor Parra, que me descubrió un lenguaje poético directo, anticursi, antirretórico, y una postura irreverente ante el mundo que me sedujo de inmediato.
A él me refería cuando escribí este poema.

¿A cuántos
nutrieron
tus antiguos
libros?

¿Dónde estará
aquel tomito
de Nicanor Parra?

¡Viejo amigo!
Espero
que alguna
vez
nos
encontremos,
aunque
sea
en el infierno.

Y ahora, en 2011, con noventa y siete años ya, al poeta chileno le dan el premio Cervantes, y yo, que lo tenía un poco abandonado, me vuelvo a reencontrar con él.
Dejo aquí este poema suyo de «Cartas del poeta que duerme en una silla».

Digo las cosas tales como son
o lo sabemos todo de antemano
o no sabremos nunca absolutamente nada.
Lo único que nos está permitido
es aprender a hablar correctamente.

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