WERTHER Y EL EMBAJADOR

El libro segundo de Werther comienza cuando este, huyendo de la inactividad de su retiro en Walheim, acepta el puesto de secretario de la legación en una ciudad del sur de Alemania, cuyo nombre no se nos revela.
Allí tiene que trabajar a las órdenes de un embajador que desde el principio no le cae bien, porque tiene un carácter muy gruñón, aunque él se culpa por no ser capaz de soportarlo.
El 24 de diciembre escribe:
«El embajador me da muchos disgustos, tal y como yo había supuesto. Es el necio más puntilloso que pueda existir; meticuloso y complicado como una vieja solterona; un individuo siempre descontento consigo mismo y a quien por eso nadie puede satisfacer. Me gusta trabajar deprisa, quede como quede; pero allí está él dispuesto a devolverme mi tarea diciéndome: “Está bien, pero repáselo de nuevo; siempre se encuentra una palabra más adecuada”. Entonces me llevan los demonios. No puede faltar ni una «y», ni una sola conjunción, y es enemigo mortal del hipérbaton que de vez en cuando se me escapa. Cuando el período no suena según la antigua melodía, no comprende nada de nada. Es una tortura tener que lidiar con un hombre así.»
Así que este antipático personaje quiere conseguir que Werther escriba ateniéndose a normas y corsés.
¡Pobre embajador! No sabía a quién tenía delante. Nada menos que al joven que revolucionó su época y que cambió para siempre el gusto y la sensibilidad de la gente, tanto en la manera de sentir, como en la de vestir, como en la de escribir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s