SINCRONICIDAD

Ando dándole vueltas estos días al concepto de sincronicidad, ese principio junguiano que alude a la concurrencia de dos acontecimientos sin conexión causal, y que creo tiene que ver con ese “por algo será”, que a veces nos decimos cuando lo que nos sucede, malo o bueno, nos hace sospechar que una lógica oculta lo gobierna todo.
Alguien me cuenta la historia de un hombre que cierta vez, en Londres, cogió una línea de autobús equivocada que lo llevó a la otra punta de la ciudad, y cuando miró por la ventanilla descubrió que se encontraba justo delante de la casa de una amiga a la que hacía mucho que no veía, así que decidió bajarse y saludarla, pero al llegar, la descubrió con el gas abierto, a punto de quitarse la vida, y su fortuita presencia la salvó (sincronicidad).
También he leído que cuando a Anthony Hopkins le propusieron trabajar en la película “La chica de Petrovka”, basada en la novela homónima de George Feifer, se pasó un día entero recorriendo sin éxito las librerías de Charing Cross Road a la búsqueda de un ejemplar de dicha obra, y al regresar, esperando el metro en la estación de Leicester Square, se encontró sobre el banco en el que estaba sentado un libro lleno de anotaciones que resultó ser el mismo que él andaba buscando. Y cuando al cabo de dos años, durante el rodaje de la película, tuvo oportunidad de conocer personalmente al autor, éste se lamentó de haber perdido un ejemplar de su libro totalmente anotado, que era justamente el que se había encontrado Hopkins, quien por supuesto se lo devolvió, perplejo ante esa increíble historia de sincronicidad que marcó su carrera.
En cuanto a mí, hace poco fui al teatro, pero, ajena a los imperativos del reloj, a solo diez minutos del comienzo de la obra, aun andaba intentando aparcar, hasta que, cuando ya estaba a punto de darme por vencida, milagrosamente un coche empezó a maniobrar marcha atrás dejándome libre un precioso aparcamiento, que, por supuesto, y previo rápido giro a la derecha, me di prisa en ocupar. Y llegué por los pelos.
Por cierto que la obra que iba a ver era una adaptación teatral de «Madame Bovary».
¿Sincronicidad?
No, porque tampoco me hubiera importado mucho habérmela perdido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s