EL FLAUTISTA DE HAMELÍN

Los trece años de mi etapa colegial durante mi infancia, constituyen probablemente una de las épocas más infelices de mi vida, y el hecho de que en ella me forjara y de que a ella deba gran parte de lo que soy, dota aún de más peso a mi argumento.
Allí, en mi colegio, nunca percibí culto al saber, y sí a la ideología y a las apariencias; y no solo no llegué nunca a congeniar con compañeras ni con profesoras, sino que, al contrario, más bien me putearon de lo lindo.
Recuerdo a la de historia, mujer bajita y menuda, que peinaba sus cabellos canos en forma de cacerola, y que se limitaba a llegar, abrir su carpeta de apuntes, y, sin más preámbulos, dictarnos la lección, sin alterar ni un músculo de su fisonomía, ni moverse un centímetro de su silla; y a la de latín, severa e impasible, con un gran moño y una mancha parduzca que se extendía, como un frasco de tinta derramado, por buena parte de su piel, en los brazos y en la cara.
En cierta ocasión llegó una profesora de literatura, igual de fea y de poco atractiva que las otras, pero que en el momento en que empezó a recitarnos versos de Manrique y de Machado, no de Cernuda ni de ninguno de los del veintisiete, consiguió, cual moderno flautista de Hamelín, llevarme tras de sí.
Y en mi devoción fui tan modosita y silenciosa, que ni se enteró.

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4 comentarios el “EL FLAUTISTA DE HAMELÍN

  1. Jose dice:

    Me suena esta historia… solo que yo sí hice ruido… 🙂

  2. gatoflauta dice:

    Con ese título en el blog, tienes que dejarnos algún comentario sobre WS, ¿no crees? Qué grande era (y es); cómo pertenecía a ese reducidísimo grupo de personas que nos hacen pensar mejor del mundo.

  3. drigutcar dice:

    Hola gatoflauta. Ayer me enteré de la noticia y me llevé un disgusto. Sí, claro que escribiré algo sobre ella. Me gustan su mirada inteligente e irónica sobre el mundo, su lucidez, su lenguaje sencillo, su capacidad de sorprenderme siempre.

  4. Concha dice:

    Creo que era la señorita Escalada, aristracata venida a menos que vendió su título. Y a mucho menos por lo poco que nos enseñó, Que poquita motivación….

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