CONTAR LA REALIDAD

La realidad no admite copias.
¿Quién podría soportar la visión de un vídeo sobre su propia vida contada minuto a minuto, sin perecer de un ataque letal de tedio? Además, dado el caso, necesitaríamos todos los minutos de nuestra vida para contemplar todos los minutos de nuestra vida.
Para contar hay que seleccionar y disponer los acontecimientos en un determinado orden supeditado a una última finalidad artística.
Podríamos comenzar un relato, por ejemplo, en el momento en que una mujer joven sale de la consulta de un médico con su hija pequeña de la mano, y la mujer va llorando, puede que porque el médico le haya dado alguna mala noticia sobre la salud de la niña, y cuando pasan por delante de un puesto blanco, la niña le tira del brazo con insistencia, hasta que la mujer se da cuenta y se para, abre su bolso que lleva colgado del antebrazo, saca unas monedas y se las entrega al hombre del puesto a cambio de un enorme algodón de color rosa que enseguida se deshace en la boca de la niña.
O no, puede que sea verano, un mediodía en el campo, con la misma niña, que tiene ahora doce años, y, recostada sobre el tronco de una higuera, lee abstraída la historia de un caballero que confunde las inmensas aspas de un molino con los brazos de un colosal gigante enemigo suyo, y se lanza contra él, y las aspas lo voltean, y el caballero cae maltrecho al suelo, y enseguida viene a socorrerlo su escudero, que se esfuerza en vano en explicarle que el molino solo es un molino; y la niña se muere de risa y hace caso omiso de su madre que la llama para comer.
Ahora la niña ha crecido, y es una joven que se da un último toque ante el espejo, y se mira satisfecha, y se ve guapa a través de los ojos de su amado que la espera y que volverá a repetirle, absorto, sus encendidas palabras de amor, y ella le dirá una vez más soy tuya en el terrible momento de la despedida. Pero hay otro día, también ante el espejo, en que ya no se ve guapa, ni le brillan los ojos, y sabe que cuando lo vea le sonarán huecas sus palabras, y juzgará mecánicos sus gestos, y por eso ha decidido que hoy le dirá adiós para siempre. Y después, ya de vuelta en casa, abre su ordenador y se pone a escribir la historia de una mujer que se da los últimos toques ante el espejo, y que se ve guapa a través de los ojos de su amado, y que sale a la calle a su encuentro, feliz e ilusionada, sin importarle que él solo sea fruto de su sueño.

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2 comentarios el “CONTAR LA REALIDAD

  1. Concha dice:

    Muy ilustrador. Los últimos parrafos brillantes. ¡No abandones!

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