LAS CORRECCIONES (NO LAS DE FRANZEN)

La literatura de los blogs es urgente y de consumo inmediato, y aunque en mi caso yo me esmero, el resultado es, inevitablemente, fruto de la precipitación. Por otra parte, sé que no es necesario escribir un post cada día, aunque eso también tiene su gracia.
El caso es que en mi relato de ayer me he dejado muchas cosas en el tintero, y no he hablado, por ejemplo, de Rafael, el marido de la narradora, abogado, de costumbres fijas y mirada apagada.
Ni del cuerpo de Mariam, que es perfecto, y sin pizca de agresividad en su desnudez.
Ni de la mirada que Quique le dirigió a su cuñada cuando esta le reprochó su fechoría, cortante como el chasquido de una navaja que se abre.
Ni de los patos, que se deslizan abriendo surcos sobre el agua, ni de las miguitas de pan que Mariam les arroja, que forman al caer sucesivos círculos concéntricos que la hipnotizan.

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