THOMAS MANN DA UNA CONFERENCIA

En 1938, Thomas Mann sale de Alemania y se instala en EE.UU. Allí tiene un programa de radio en alemán llamado “Escuchen alemanes” para hacer propaganda contra la Alemania nazi, y también da clases en la Universidad de Princenton, donde, el 10 de mayo de 1939, dictó a los estudiantes una conferencia titulada, Introducción a «La montaña mágica», de la que transcribo unos párrafos.
«En el año 1912 mi esposa contrajo una dolencia pulmonar que la obligó a permanecer durante medio año en la montaña, en un sanatorio de la región suiza de Davos. Entretanto yo permanecí con nuestros hijos en Münich, pero en mayo y junio de aquel mismo año visité a mi mujer durante varias semanas y, si leen ustedes el primer capítulo de la montaña mágica titulado “la llegada”, en el que el invitado Hans Castorp cena con su primo enfermo Ziemssen en el restaurante del sanatorio, probando no solo la excelente cocina del lugar, sino también la atmósfera del mismo y de la vida “aquí arriba”, si leen este capítulo obtendrán una descripción relativamente precisa de nuestro encuentro en dicho ambiente y de mis propias extrañas impresiones de entonces.
(…)
Hacía aproximadamente diez días que había llegado cuando contraje, a causa del frío y de la humedad reinantes en el balcón, un catarro de las vías respiratorias superiores. El director, que, como pueden imaginarse, se parece en ciertos detalles externos a mi consejero Behrens, golpeó mi pecho y constató con extraordinaria celeridad cierta amortiguación, como suele denominarse, un punto enfermo en mi pulmón que, de haber sido yo Hans Castorp, tal vez habría dado a mi vida un rumbo totalmente distinto. El médico me aconsejó que sería sensato que permaneciera allá arriba durante medio año sometiéndome a una cura y, de haber seguido su consejo, ¿quién sabe?, tal vez ahora seguiría allí. Pero preferí escribir “La montaña mágica” haciendo uso de las impresiones que acumulé durante las breves tres semanas que permanecí allí y que bastaron para darme una idea de los peligros que entraña tal ambiente para los jóvenes —y la tuberculosis es una enfermedad de jóvenes. El mundo de enfermos que se respiraba allá arriba es de una cerrazón tal y posee la fuerza envolvente que seguramente habrán experimentado ustedes al leer mi novela. Se trata de una especie de sucedáneo de la vida que logra, en poco tiempo, enajenar al joven y alejarlo completamente de la vida real y activa. Todo es, o era, suntuoso allá arriba, también la noción del tiempo.
(…)
¿Qué puedo decir sobre el libro y sobre cómo hay que leerlo? Comienzo haciendo una exigencia muy arrogante, a saber, la de leerlo dos veces. Esta exigencia se retirará naturalmente de inmediato en el caso de que la primera lectura haya resultado aburrida. (…) Pero a quien haya llegado al final de “La montaña mágica” le recomiendo leerla de nuevo, porque su forma especial, su carácter en cuanto composición, implica que el placer del lector aumentará y se profundizará en la segunda lectura —del mismo modo que hay que conocer una pieza de música para poder disfrutarla plenamente.
(…)
Vuelvo sobre algo ya conocido, a saber, sobre el misterio del tiempo, que la novela trata de diversos modos. Se trata de una novela temporal en un doble sentido: primero en el histórico, ya que se trata de trazar un cuadro de los aspectos internos de una época, de Europa en vísperas de la guerra; pero también porque se ocupa del propio tiempo y no solo en cuanto experiencia de su héroe, sino también en sí misma, como novela, y a través de sí. El mismo libro es aquello que cuenta; porque al describir el hermético encantamiento que hace al joven héroe sucumbir a la atemporalidad, aspira a anular el tiempo gracias a sus medios artísticos, mediante el intento de conferir una presencia total en todo momento al mundo ideo-musical que abarca.
(…)
Lo que aprende Hans Castorp es que la salud más perfecta se adquiere mediante las profundas experiencias de la enfermedad y la muerte, del mismo modo como el conocimiento del pecado constituye una condición previa para la redención. “Para vivir”, dice en una ocasión Hans Castorp a Madame Chauchat, “para vivir hay dos caminos: uno es el común, el directo y correcto. El otro es tremendo, conduce a través de la muerte y es el camino genial”. Esta concepción de la enfermedad y de la muerte como estación de paso necesaria en el camino, la salud y la vida, convierte a “La montaña mágica” en una novela de iniciación.
(…)
Hans Castorp como buscador del Grial(…). El Grial es el conocimiento, la iniciación, aquello que no solo constituye el objetivo del necio héroe, sino del propio libro. En el capítulo titulado “Nieve”, Hans Castorp, perdido en mortales alturas, sueña su poema-sueño sobre el hombre. El Grial que, a pesar de no encontrarlo, intuye en el sueño provocado por la cercanía de la muerte, antes de que se vea arrastrado, desde sus alturas, hasta la catástrofe europea, es la idea del hombre, la concepción de una humanidad futura que haya atravesado el conocimiento más profundo, la enfermedad y la muerte. Porque el hombre mismo es un secreto, y toda humanidad descansa en el respeto al secreto del hombre.»

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