CON DON QUIJOTE Y SANCHO EN LA VENTA

Después de la aventura de los yangüenses, llegaron amo y escudero a una venta que don Quijote confundió con un castillo, y, al ver a don Quijote tan molido, el ventero hizo que le prepararan un camastro sobre unas tablas en una especie de pajar donde también se alojaba un arriero. Este se había conchabado con Maritornes, la moza asturiana que servía en la venta, “tuerta de un ojo y del otro no muy sana”, para refocilarse juntos por la noche, y cuando ella, que era mujer de palabra, llegó a su cita, Don Quijote, creyéndola señora del castillo, la agarró fuertemente por la muñeca y empezó a declararle sutilezas de amor, mientras que ella, sin entender nada, luchaba por desasirse, todo lo cual fue oído por el arriero que, celoso, se acercó, y al ver el forcejeo de la asturiana, levantó los brazos y le dio a Don Quijote un puñetazo tan grande que le dejó la boca bañada en sangre, y además se subió encima de él y comenzó a patearle las costillas, de tal forma que, no pudiendo soportar su peso, el lecho se rompió, y con el ruido que hizo al romperse, el ventero se despertó, y empezó a llamarla, “¿adónde estás puta?”y al escucharlo, asustada, ella se metió en la cama de Sancho y se hizo un ovillo con él, hasta que con tanto jaleo Sancho también se despertó, y al notarse aquel bulto encima, pensando que tenía una pesadilla, empezó a dar golpes a diestro y siniestro, enzarzándose al punto los dos en una graciosísima pelea, en la que también participaron el arriero, que vino a socorrer a Maritornes, y el ventero que acudió con la intención de castigarla, y allí, a ciegas, todos se zurraban de lo lindo. Pero, mira por dónde, casualmente andaba por la venta un cuadrillero de la Santa Hermandad, al que tanto alboroto había despertado, y que al grito de “ténganse a la justicia” entró en acción, y, dando por muerto a don Quijote, ordenó que nadie saliese de allí, y todos se retiraron a sus aposentos. ¡Y qué alborozo sintió al momento don Quijote al contarle a Sancho sus fantásticas aventuras de esa noche, en el castillo del moro encantado! Pero de nuevo interviene el cuadrillero, con el cual don Quijote empieza otra pelea de la que una vez más sale descalabrado, descalabro al que él quiso poner remedio con el bálsamo de Fierabrás, que él mismo preparó y que se bebió en un santiamén, haciéndole un efecto purgativo que lo dejó como nuevo, mientras que el mismo mejunje, a Sancho, de estómago menos delicado, le sentó como un tiro, y le entraron tantos sudores y desmayos, que todos pensaron que se moría. Y después, al salir de la venta, quiso la mala fortuna que unos bromistas lo eligieran como objeto de sus bromas y empezaran a mantearlo, haciéndolo subir y bajar por los aires ante las narices de su señor, que no se podía mover de molido y quebrantado que estaba, y que, de todas formas, “si la cólera lo dejara, tengo para mí que se riera”.
Éramos adolescentes, y, sentadas en nuestra habitación de tres camas, en el piso de arriba de la casa, yo les leía en voz alta a mis hermanas estas aventuras, y a ratos me paraba porque una risa contagiosa me impedía seguir. Todavía lo recordamos.

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Un comentario el “CON DON QUIJOTE Y SANCHO EN LA VENTA

  1. rosa dice:

    yo no estaba entre tus oyentes cuando aquello por mi edad, pero ´recuerdo que siendo yo adolescente me regalastes “El Quijote” con la promesa de que si me lo acababa entero me irias regalando más libros. Me lo acabé, por supuesto y has cumplido ampliamente tu promesa.
    Respecto al quijote quería decir me ha hecho reir de lo lindo, ese Sancho es total.

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