WHATSAPP

“¿Qué ha sido de la pequeña ilusión de recibir un mensaje? O simplemente de disfrutar de la conversación de un amigo sin que pasen más de dos minutos para que conteste porque resulta que alguien le está contando cualquier otra cosa al mismo tiempo por el whatsapp, porque por lo menos en persona y de tú a tú, se respeta el turno de palabra. Con la blackberry y el Iphone, te hablan unas 8 personas a la vez por el móvil, más la o las personas que tengas delante y con las que estas manteniendo otra conversación en el mismo instante. ¿De verdad estás atento a todas ellas? Yo creo que no. Por no hablar del coñazo que supone tener que dar explicaciones por no contestar en el momento que al otro le llegan los dos ticks..-Oyee ¿por qué no contestas que he visto que lo has leido? -Pues porque estoy ocupada, no puedo o no me apetece. Creo que perdemos demasiado tiempo en esta aplicación que a todos nos estresa pero que justificamos la tenemos porque la factura se reduce en unos diez o veinte 20 euros. Pero síii, continuamos con más ataduras y enganchados a un objeto unos años atrás no necesario, pero ahora imprescindible en nuestras vidas.”

Mi sobrina Adriana, de veinte y muy pocos años, me pide que escriba sobre este fenómeno del whatsapp, pero yo he preferido transcribir sus propias palabras, porque ella es la que lo conoce de primera mano; los de mi generación, al menos yo y mi amigos, hasta hace poco no sabíamos de qué iba eso, y a lo más que hemos llegado es al Facebook y al móvil.
Para ilustrar este problema generacional, recurro a una conversación mantenida entre dos personajes de «Libertad», de Jonathan Franzen (pág. 422), Jessica y Lalitha.
«—Discúlpame un segundo —repitió Jessica mientras entraba detrás de Lalitha en una sala de aspecto más ejecutivo en la parte trasera—. Soy una persona joven —la oyó decir—. ¿Vale? Aquí la persona joven soy yo. ¿Lo entiendes?
Lalitha:
—¡Sí! Claro. Por eso es maravilloso que hayas venido. Lo único que digo es que yo tampoco soy tan mayor, ¿sabes?
—¡Tienes veintisiete años!
—¿Y eso no es ser joven?
—¿A qué edad tuviste el primer móvil? ¿Cuándo empezaste a conectarte a internet?
—En la universidad. Pero, Jessica, escucha…
—Hay una gran diferencia entre la universidad y el instituto. Ahora la gente se comunica de una manera totalmente distinta. De una manera que las personas de mi edad aprendimos mucho antes que tú.
—Lo sé. En eso no discrepamos. La verdad es que no entiendo por qué estás tan enfadada conmigo.
—¿Qué por qué estoy enfadada? Porque has llevado a mi padre a pensar que eres la gran experta en jóvenes, y sin embargo no eres la gran experta ni mucho menos, como acabas de demostrar clarísimamente.
—Jessica, conozco la diferencia entre un sms y un e-mail. Lo he dicho mal porque estoy cansada. Llevo casi toda la semana casi sin dormir. No es justo que montes semejante número por eso.
—¿Acaso tú mandas algún sms?
—No tengo necesidad. Usamos BlackBerrys, que hacen lo mismo, solo que mejor.
—¡No es lo mismo! Dios mío. ¡A eso me refiero precisamente! Sino tuviste móvil en el instituto, no entiendes que tu móvil es muy, muy distinto de tu correo electrónico. Es una manera totalmente distinta de estar en contacto con la gente. Tengo amigos que apenas consultan ya su correo. Y si mi padre y tú vais a dirigir la campaña a los universitarios es vital que entendáis eso.»
Así que, dime cómo te comunicas y te diré quién eres, o más bien qué edad tienes. Y en eso, algunos pertenecemos directamente al paleolítico.
Así que, querida Adriana, no tengo mucho más que añadir, porque, como ves, en este caso, la experta eres tú.
Ya me irás enseñando.

Anuncios

3 comentarios el “WHATSAPP

  1. gatoflauta dice:

    La verdad, estar pendiente de la ultimísima novedad (que rápidamente dejará de serlo) en materia tecnológica me parece tan cansado como absurdo. Y hacer depender de eso una manera de ver la vida, ya ni te cuento. Si eso es ser paleolítico, me apunto encantado; el homo tecnologicus nerviossisimus no me atrae pero es que nada, vamos.

    • drigutcar dice:

      Pero fíjate, Adriana, a sus 22 años, lo que echa de menos es recibir un sms; eso en su generación ya ha pasado a la historia, y su recuerdo les debe de producir la misma saudade que a nosotros el de las cartas escritas a mano y con estilográfica.

  2. Jose dice:

    Mientras leía esta entrada, estaba recordando la película de animación “Wall-E”… En un momento determinado de la película, dos personas que cohabitan en una nave espacial desde hace tres generaciones porque en nuestro planeta es imposible vivir debido al daño ambiental que le hemos causado, sólo se comunican entre ellos mediante aparatos electrónicos, haciendo de la comunicación personal algo totalmente inexistente… todo es virtual…

    La magia viene cuando hay un contacto físico y cuando éste es “cara a cara”…

    Toda la película es una maravilla, incluida su Banda Sonora… y el hecho en cuestión de lo que hablo en mi comentario, está a partir del minuto 1:47…

    Estarían “Watsappeando”?? 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s