DICKENS

En este año, bicentenario de su nacimiento, se habla mucho de Dickens, y se reeditan sus libros, pretexto tan bueno como cualquier otro para releerlo y zambullirte de nuevo en su fascinante mundo habitado por los personajes más diversos, oficinistas, panaderos, sacristanes, ladrones de cadáveres, deshollinadores, pescadores, pasantes de bufetes, propietarias de casas de huéspedes y de burdeles, huérfanos harapientos, que pululaban por una ciudad, capital del mundo en aquella época, sucia e insalubre, donde la injusticia y la pobreza campaban por sus fueros, y por la que él acostumbraba a dar extenuantes paseos nocturnos de hasta treinta kilómetros. Hablo, naturalmente, de Londres, cuyos rincones el novelista conocía como la palma de su mano,
Dickens padeció una durísima infancia, que lo marcó para siempre, a la que debe su energía creadora y su particular visión del mundo; y al hablar de niños explotados casi en régimen de semiesclavitud, lo dice de buena tinta, porque cuando encarcelaron por deudas a su padre, él, con solo doce años, se tuvo que poner a trabajar, durante diez horas diarias y por un mísero salario, en la fábrica de betún Warren, un lugar sórdido, pestilente y lleno de ratas.
Después se dedicó al periodismo, oficio que practicó durante toda su vida, pero lo que le dio fama y dinero fue la literatura, a la que se entregó en cuerpo y alma, escribiendo a destajo, en ocasiones varias novelas a la vez, siempre atento a los gustos de un público que lo adoraba, y al que para complacer no dudaba en cambiar, llegado el caso, el final de la historia, o en suprimir de una tacada varios personajes. Y con este sistema, escribió un puñado de obras maestras que nos siguen deleitando y conmoviendo, porque a la vista está que ni se han erradicado, ni llevan camino de erradicarse, los males que él denunció, las enormes desigualdades sociales, la explotación de los débiles y el abuso de los poderosos.
Pero yo pienso que, pese a todo su talento, su éxito y popularidad, probablemente nunca dejó de ser el niño desvalido que observaba, sin pasar por alto el menor detalle, el mundo atroz en que vivía, que después volcó en sus novelas, con las que se propuso contar y denunciar todo lo que el asombro de su infantil mirada había captado, y ganar muchísimo dinero hasta llegar a ser rico, para vengarse de las circunstancias en las que creció, y exorcizar así los fantasmas de una infancia desgraciada de la que en realidad nunca logró escapar.

.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s