BISUTERÍA

La sedujo poniendo toda la carne en el asador, echando mano de todos sus recursos, calculando a la perfección hasta el menor detalle, hasta lo que inevitablemente escaparía a su control, en una escenografía diseñada para producir un efecto devastador en ánimos como el suyo, sus pequeños lujos, su locura apacible, su aguda inteligencia, sus conocimientos, su nulo afán exhibicionista (el que no fuera una pose la seducía aún más), su aire cómplice y distante, su impecable atuendo deportivo, su tristeza, su aire de derrota pese a todo, su ansia de vivir pese a todo, su ironía, su pasado misterioso, su grupo de rock, su afición al parapente, sus frecuentes viajes, su intensa vida social que le pesaba, su intrínseca soledad, su deseo de ella impaciente y refrenado, su temblor al abrazarla, la timidez de sus besos, las finas arrugas de su rostro, los surcos que invisibles lágrimas habían dejado en él.
Solo al cabo de los meses ella empezó a hacerse preguntas y a cuestionárselo todo, y a sospechar si no habría pagado a precio de oro tanta bisutería.

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