MORIR DE GUSTO

La noticia de una hamburguesería en Las Vegas, cuyo nombre, “The heart attack grill” (Parrilla “El infarto”), lema (“Un sabor por el que vale la pena morir”), y ambientación (simula un hospital con uniformes de enfermeras, médicos y pacientes) apuntan directamente y con recochineo a la enfermedad cardíaca producida por la comida insana e hipercalórica (la Quadruple Bypass Burguer, con 10.000 calorías, por ejemplo) que sirven, me trae a la memoria “La grand bouffe”, aquella gran película de los años 70, en la que sus protagonistas deciden suicidarse a base de comilonas: ostras, patés, caviar, lasaña, osobuco, lechón, pierna de cordero, etc…, y me hace pensar en su carácter precursor y definitorio de una época en la que a la gente, hastiada ya de todo, aburrida, le da por comer hasta morir. Porque lo que Marco Ferreri y sus guionistas, Rafael Azcona entre ellos, idearon para la gran pantalla se hace ahora realidad en este local super cutre, cuyo dueño, Jon Basso, declara que el suyo es el único restaurante honesto de todo EE.UU, ya que él al menos reconoce que es cierto, que su comida mata.
Y a mí me parece que la existencia misma de un sitio así, en el que los clientes-pacientes reivindican sin complejos la gordura y el colesterol, y su derecho a morirse atiborrados (“muera el gato, muera harto”, dice el refrán), supone un atentado directo contra dos de nuestras obsesiones fundamentales, la estética y la salud, y un fenomenal corte de manga a todo lo políticamente correcto; amén de que la controversia generada por el negocio constituye en sí misma una excelente estrategia de márqueting.
Y mientras tanto, millones de personas en el planeta caen como chinches por desnutrición. Pero ese es otro cantar.

PROFUNDA

Mi mejor amiga no me lee, y dice que, por superfluo, apenas si le interesa lo que escribo; lo hablamos una y otra vez, y al final siempre acaba aconsejándome que sea más yo, más profunda, y que me atreva a zambullirme de una vez por todas en las procelosas aguas de mi mundo interior; y yo, por más que lo intento, no logro convencerla de que se equivoca; de que no soy ni Rilke, ni Pessoa, ni Cioran, sus autores preferidos, y que a lo más que alcanzo es a lanzar una mirada irónica, que querría cortante como la hoja de un cuchillo afilado, sobre la realidad; y que mi estilo es mi profundidad.

Cultivar
el estilo,
aunque
solo sea
en el leve
trazado
de la línea,
como único
argumento
contra
la vacuidad.

A CIEGAS

A pesar de que con los años vas acumulando decepciones, siempre deseas que la vida te brinde otra oportunidad de amar, porque piensas que de algo te tiene que servir la experiencia; que, al fin y al cabo, algo habrás aprendido en ese tiempo, y que no vas a tropezar de nuevo en la misma piedra. Y cuando por fin sucede el milagro, salta la chispa, y te vuelves a enamorar, compruebas que no hay receta, que nada de lo anterior te sirve, y que te toca caminar a ciegas y partir de cero otra vez.

QUE NO SOY UN ROBOT

Cada vez me ocurre con más frecuencia que para acceder a un determinado sitio de Internet, mi ordenador me pide que le demuestre que no soy un robot, copiando unas letras que se agrupan hasta formar términos opacos y vacíos, que son tan aburridos como la clave de una caja de seguridad; y a mí, tan inútil en lo práctico, me cuesta teclear esas palabras sin alma, que son las únicas que a Google le sirven como demostración de que no soy un robot. Y ahí andamos, a la greña, ellos que sí y yo que no, peleándonos como los perros y los gatos.

CRIMEN EN BOLLYWOOD

El pasado 19 de Abril, la actriz india Meenakshi Thapar, de 26 años, se encontraba en Bollywood rodando su última película, “Heroine”, cuando fue secuestrada por Amit Jaiswal y su amante Preeti Surin, aspirantes a actores que se decían amigos suyos, y que al parecer la habrían oído hablar sobre la buena posición económica de su familia.
Primero la invitaron a viajar al pintoresco pueblecito de Gorakhpur, en la frontera del Nepal, y una vez allí, llamaron a su madre para exigirle un rescate de 1.500.000 rupias (unos 22.000 Euros), bajo la amenaza de obligar a rodar a Meenakshi películas pornográficas; pero como la señora solo logró reunir 60.000 (900 Euros), pues se la cargaron.
Hasta aquí la historia podría ser una más de secuestro y asesinato; ahora bien, parece que como nos movemos en el mundo del cine, estos chicos se creyeron los protagonistas de una película de terror al estilo de “404”, que Meenakshi había rodado en 2011.
Así que primero la estrangularon en una habitación de hotel; después trocearon su cuerpo y lo metieron en un tanque de agua; y, por último, arrojaron su cabeza desde la ventanilla de un autobús.
El fallo fue que se quedaron, y además utilizaron, la tarjeta SIM del teléfono móvil de la actriz, gracias a lo cual la policía los localizó y pudo detenerlos.
Y yo creo que, aunque Bollywood esté de luto, este horrendo crimen contribuye a alimentar su mitología y a engrasar la maquinaria de su gigantesca fábrica de cine y estrellas; y no me extrañaría que algún avispado productor se estuviera frotando ya las manos pensando en los beneficios que esta historia le reportará cuando dentro de poco la lleve a la pantalla.

GUASA SEVILLANA

Desde hace años, tomo café todos los días en un bar cuyo dueño, Paco, se las apaña para atender él solito a toda la clientela que se le abalanza, sobre todo a la hora del desayuno; y el hombre a veces me comenta lo harto que está del negocio, lleva toda la vida detrás del mostrador, y más ahora cuando la crisis también ha hecho mella en sus parcas ganancias.
Hace poco escuché a uno de sus clientes decirle que a estas alturas, y con todo lo que trabajaba, debía ya de estar rico, y él contestó con socarronería que sí, que tenía tanto dinero que no le cabía en su cuenta y que se iba a tener que abrir otra.
Y hoy, también, va una chica y le suelta:
—Bueno, Paco, espero verte después en la Feria montado a caballo.
Y después añade:
—Aunque, a lo mejor, con el sombrero no te conozco.
Y él la mira resignado, como pensando ¡Vaya guasa que tiene la niña!
Y yo, dentro de un rato, cuando esté en la Feria, me fijaré en los caballistas, segura de que no encontraré a Paco entre ellos.

DE LA CORRESPONDENCIA DE FLAUBERT

A Alfred Le Poittevin
13 de mayo de 1845

«(…) La única forma de no sentirse desgraciado es encerrarse en el Arte y despreciar todo lo demás; cuando el orgullo se asienta sobre una base ancha es capaz de reemplazarlo todo. En cuanto a mí, me encuentro verdaderamente bien desde que he aceptado estar siempre mal. ¿No crees que hay muchas cosas que me faltan, y que habría sido tan magnánimo como el más opulento, tan tierno como un enamorado, tan sensual como el desenfrenado? Sin embargo, no echo de menos la riqueza, ni el amor, ni la carne, y es sorprendente verme tan sensato. He dicho a la vida práctica un irrevocable adiós. De aquí a mucho tiempo solo pido cinco o seis horas de tranquilidad en mi habitación, un gran fuego durante el invierno y dos velas por la noche con que iluminar.»