HISTORIA DE DOS CIUDADES: UNA MALA TRADUCCIÓN

Este es el comienzo archiconocido de “Historia de dos ciudades”, de Dickens:

“It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair, we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to Heaven, we were all going direct the other way- in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only.”

Pero en el libro que manejo, de la editorial DEBOLSILLO, A. de la Pedraza, lo traduce así:

“Era la mejor y la peor de las épocas, el siglo de la locura y de la razón, de la fe y de la incredulidad; era un período de luz y de tinieblas, de esperanza y de desesperación, en la perspectiva del horizonte era más esplendente y la de la noche más profunda, en el que se iba en línea recta al cielo y por el camino más corto al infierno; era, en una palabra, un siglo tan diferente del nuestro que, según la opinión de autoridades muy respetables, solo se puede hablar de él en superlativo, tanto para bien como para mal.”

Y la verdad es que por más vueltas que le doy no lo entiendo, y me parece un párrafo sin sentido.
No es el único ejemplo, claro, pero no quiero abusar de la paciencia de nadie; al fin y al cabo, la culpa es mía por haberme fijado solo en el autor de la obra y no en su traductor.

Anuncios

Un comentario el “HISTORIA DE DOS CIUDADES: UNA MALA TRADUCCIÓN

  1. pedrete dice:

    Muy atinado el comentario sobre la importancia, en un texto literario traducido, de fijarse en el traductor: la calidad de su trabajo es requisito apenas menos importante que la calidad del propio autor para el resultado de lo que leemos. Claro que las propias editoriales, que muchas veces ni siquiera hacen constar el nombre del traductor ni (menos) la fecha de su trabajo, para saber si se trata de una traducción nueva o una antigua más o menos reciclada, tampoco facilitan la tarea. La única defensa contra la mala traducción es leer algo del libro antes de comprarlo (por ejemplo, ese párrafo inicial que citas) y decidir en consecuencia. Pero, repito, las grandes culpables son las editoriales, que deberían dar muchísima más importancia de la que suelen darles (o eso parece) a sus traductores…, y seguramente pagarles mejor, que ésa es otra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s