EL DIARIO DEL RON: UN DIÁLOGO

“—¿Te vas a quedar a vivir aquí? —le pregunté, mirándola a la cara.
Chenault sonrió.
—No lo sé. He dejado mi trabajo en Nueva York. —Levantó la mirada hacia el cielo—. Lo único que quiero es ser feliz. Soy feliz con Fritz, así que aquí me tienes.
Asentí con la cabeza.
—Sí, parece razonable…
Rió
—No va a durar. Nada dura. Pero ahora soy feliz.
—Feliz… —dije entre dientes, tratando de apresar la palabra. Pero es una de esas palabras, como «amor», que jamás he entendido cabalmente. La mayoría de la gente que trabaja con las palabras no tiene mucha fe en ellas, y yo no soy una excepción (sobre todo si hablamos de las grandes palabras como Feliz y Amor y Honrado y Fuerte). Son demasiado huidizas y sobremanera relativas cuando las comparamos con otras palabras pequeñas y humildes y cortantes como Gamberro o Barato o Farsante. Con estas me siento cómodo, porque son desnudas y fáciles de retener, pero las grandes palabras son duras y tendrías que ser cura o necio para utilizarlas con un mínimo de seguridad y soltura.” (pág. 83)
“El diario del ron”; Hunter S. Thompson; Ed. Anagrama

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