ACOSTARSE CON GILDA

Acaban de tener lugar las bodas de oro de los Reyes de España, y, al parecer, ellos no han querido celebrarlas, ni en público ni en privado, porque no está el horno para bollos, y porque no hay nada que celebrar, y cada uno anda por su lado, montándoselo lo mejor que puede.
Y como la ocasión la pintan calva, pues se aprovecha para entrevistar a otras parejas longevas, en las que el tiempo transcurrido no ha hecho mella en la intensidad de su amor; así Monserrat Caballé, que en la radio se emocionó hablando de Bernabé, su marido, y Félix Grande y Paca. Da gusto saber que hay gente que se quiere tanto.
También en estos días se cumplen 25 años de la muerte de Rita Haywort, la inolvidable actriz que no encontró la felicidad en ninguno de sus matrimonios, mito erótico al que Gilda devoró, y que se lamentaba de que los hombres se acostaran con Gilda pero se despertaran con ella.
Quizás, pienso yo, ahí está la clave de muchos fracasos sentimentales, en que nos negamos a apearnos de nuestros sueños, en que nos acostamos con Gilda, y después, al levantarnos, no podemos soportar la decepción de la realidad.

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