DESPEDIDA

El pasado martes 29 de mayo, se celebró en mi Instituto el acto de Graduación de los alumnos de 2º de Bachillerato, y en él, y sin que sirva de precedente, quise dirigirles estas palabras de despedida, porque llevo ya varios años seguidos siendo su profesora de Lengua, y porque los quiero, y me siento apreciada y valorada por ellos.

“Queridos alumnos y alumnas de 2º de Bachillerato, queridos compañeros, queridos amigos:
Hoy es para mí un día importante, porque despedimos a unos alumnos a los que me siento muy vinculada, por haber seguido su trayectoria casi desde que entraron aquí; a algunos les di Lengua en 2º de ESO, y a los que tuve la suerte de tener como tutora en 3º, un grupo que por cierto aquel año se llevó un diploma por su excelencia, ya no los he perdido de vista hasta ahora, y aunque charlatanes y distraídos, también son espabilados, inteligentes y curiosos.
Durante estos años hemos pasado muchas horas juntos, horas en las que hemos ido descubriendo cosas tan interesantes o más que la propia asignatura. Porque entre col y col, lechuga. Así que, entre sintagma y sintagma, entre el romancero y los sonetos de Lope de Vega, hemos ido entremetiendo un poco de todo, libros, películas, viajes, anécdotas, yo que sé…; porque hemos fabricado nuestras clases con la materia de la vida; y hablo en primera persona del plural, ya que yo también he disfrutado y aprendido con ellos. Pero ahora me toca pasarme a la segunda, y dirigirme, como siempre lo hago en mis clases, a vosotros, Eva, Paula, las tres Martas, los tres Pablos, Paloma, Rocío, Flavio, Irina, María, Adriano, Justino, Reyes, Noemí, Lidia, Manuel, Estrella, Blanca, Carlos, Esteban, Adina, los dos Jesús, etc…, porque no voy a cansaros nombrándoos a todos, aunque os llevo ya para siempre conmigo en mi corazón.
El caso es que hace ya seis años que pisasteis por primera vez este centro, del que ahora salís para enfrentaros, ineludiblemente, a vuestro futuro, ya que, dentro de nada, en las próximas semanas, tendréis que tomar decisiones tan importantes como elegir la carrera que vais a estudiar y la profesión a la que os vais a dedicar.
Y es de eso de lo que os quería hablar hoy, de vuestro futuro; aunque llegados a este punto, me encuentro con la crisis, esa hidra de cien cabezas que se perfila como única realidad en nuestro horizonte más inmediato, y que a vosotros os afecta más que a nadie, por los recortes en Educación, y porque es una gran putada tener que empezar a correr justo cuando un tsunami ha destrozado la pista, y esta se encuentra llena de agujeros y socavones.
Bueno, pues a pesar de todo, y aunque yo también esté hecha un lío, si me lo permitís, me voy a atrever a daros unos consejos, una especie de manual urgente de supervivencia, que ojalá os sirvan.
En primer lugar, sed razonablemente conscientes de lo que hay, pero no mucho, solo un poquito, lo justo para sobrevivir y para no desentonar del resto de la gente y que no parezcáis demasiado raros.
Huid de los apocalípticos y de los agoreros.
Sed positivos, y hagáis lo que hagáis, trabajad con ilusión y poned toda la carne en el asador.
Sed libres, y no renunciéis a vuestra libertad por nada del mundo; libres, con esa libertad interior que nos engrandece y dignifica, y que ni los tiranos nos pueden arrebatar; libres aunque solo sea para luchar por vuestra libertad.
El dinero es necesario, pero os aseguro que las cosas más importantes de esta vida, el amor, la amistad, la pasión por el trabajo bien hecho, la creatividad, no se consiguen con él. Supongo que conocéis esa paradoja que se refiere a una persona diciendo de ella que era tan pobre que lo único que tenía era dinero. Pues es verdad. “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, reza el Evangelio; dad al dinero solo su justa importancia; y si llegáis en el futuro a ganar mucho, no os metáis en una espiral de consumismo; y si poco, no padezcáis por no poder poseer bienes que de ninguna manera os traerán la felicidad.
Porque se trata de eso, de ser felices. Parafraseando a Ortega, diré que nuestra vida es como un arco que disparamos, cuya trayectoria importa más que dar realmente en el blanco. El blanco es la meta, el objetivo que os marquéis, que será como una especie de timón que dirigirá vuestra nave. Pero lo importante es el camino, para el que conviene que vayáis bien pertrechados y ligeros de equipaje.
Sed buenas personas, y haced siempre lo que el corazón os dicte; no os traicionéis a vosotros mismos. Todos tenemos una brújula interior capaz de orientarnos en las más difíciles encrucijadas, y a esta es a la que tenéis que hacerle caso. Y si esta brújula, pese a todas las apariencias y al parecer de los más sensatos, os dice que no tiréis por ahí, que ese no es el camino, pues no lo sigáis y cambiad de rumbo.
Steve Jobs, el malogrado fundador de Apple, les contó en 2005 a los alumnos de la Universidad de Stanford, que él nunca había estudiado ninguna carrera; que su madre biológica, una chica soltera de 17 años, lo dio en adopción al nacer, con la condición de que sus padres adoptivos, en el futuro, lo enviaran a la Universidad. Y ellos así lo hicieron, y Steve ingresó en la Universidad a los 17 años, pero como no le gustaba mucho lo que hacía, a los seis meses lo dejó, y para no decepcionar a sus padres, que habían invertido en él todos sus ahorros, no les dijo nada, y se pasó allí los 18 meses siguientes, desorientado, sin saber qué hacer con su vida, metiéndose al azar en la primera clase que encontraba, comiendo cualquier cosa y durmiendo en el suelo de las habitaciones de sus amigos. Pues bien, durante aquella época le dio por asistir de vez en cuando a un curso de tipografía en el que empezó a familiarizarse con los diferentes tipos de letras, un saber aparentemente inútil, pero cuya importancia se le reveló diez años más tarde, cuando su empresa sacó al mercado el Mackintosh, el primer ordenador que ofrecía la posibilidad de elegir entre diferentes tipos de preciosas caligrafías.
Y para finalizar, no me quiero despedir de vosotros sin hacer una última referencia a Don Quijote, el loco que luchó por sus ideales, y que nos enseñó que cuando nos caemos, por más maltrechos y doloridos que estemos y por más que los demás se rían de nosotros, lo mejor que podemos hacer es levantarnos y seguir hacia delante, y que hay derrotas que son victorias, y, al revés, victorias que no esconden sino un rotundo fracaso. Y bien sabe Dios que a mí me ha llevado toda la vida llegar a entender esto.
Y nada más, solo desearos lo mejor; y ojalá que en esta andadura que ahora emprendéis, los conocimientos que habéis adquirido en este Instituto y los valores que os hemos inculcado de respeto, educación, compañerismo, y amor al trabajo y a la libertad, os sirvan de salvoconducto para franquear las dificultades de la vida.
Un abrazo y hasta siempre.

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Un comentario el “DESPEDIDA

  1. drigutcar dice:

    Mar Fuentes Gómez Ya te lo comentaré en persona. Emocionante

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