NIETZSCHE Y LOU ANDREA SALOMÉ


Nietzsche vio por primera vez a Lou Andrea Salomé en Roma, en la catedral de San Pedro, el 25 de abril de 1882, e inmediatamente, y al igual que Paul Rée, con quien compartía alojamiento en casa de Malwida von Meysenbug, se enamoró de ella, y le solicitó matrimonio por mediación de Rée, lo que provocó los consiguientes celos de su amigo. Pero ella, aunque lo rechazó, fascinada por la comunión filosófica y espiritual con ambos, soñó con crear con ellos una especie de comuna de trabajo, ajena a las relaciones amorosas. Debido a esto, se avino a realizar el viaje a Orta que Nietzsche le propuso, y allí, el 5 de mayo de 1882, en el lago de la localidad, y en el pequeño monte del islote de San Giulio, llamado Monte Sacro, Nietzsche volvió a la carga con sus pretensiones amorosas. «¿Si besé a Nietzsche en Monte Sacro? Ya no lo sé.», confesaría Lou al final de sus días. En Lucerna, al pie de la célebre estatua del León, Nietzsche volvió a proponerle matrimonio. Ese día, y tras su negativa, el filósofo arrastró a Lou y a Rée al estudio del fotógrafo Jules Bonet, donde se empeñó en que se hicieran la famosa fotografía en la que ellos dos, con una cuerda pasada entre sus brazos, tiraban de una pequeña carreta desde la que Lou hacía ademán de azotarlos con un látigo, en una coreografía cuya intención iba más allá de una simple cuestión de gusto, ya que Tribschen, o sea, Wagner, estaba cerca de allí, y en «La Walkiria», al comienzo del acto II, Brunhilda dirige a Wotan las siguientes palabras:
«Te aconsejo, padre,
que te prepares tú mismo;
dura tempestad
has de vencer.
Fricka, tu mujer, se acerca
en el carro con la yunta de los carneros.
¡Ea, cómo blande
la fusta dorada!
Las pobres bestias
gimen de miedo;
furiosamente rechinan las ruedas.»

También la intencionalidad de la foto, se puede relacionar con la antigua leyenda de Aristóteles y la hetaira ateniense Herpyllis, que fue un motivo tradicional para los artistas de la Alta Edad Media y la modernidad temprana, que Nietzsche debía de conocer bien. Un buen ejemplo es la xilografía de Hans Baldung Grien, de 1513, titulada “La belleza hostiga con su fusta a la sabiduría”.

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