LA REINA DE ÁFRICA

En 1948, John Huston forma una compañía independiente, “Horizon”, junto al polémico productor de origen polaco Sam Spiegel. De esa unión, nace una película de poco éxito, “We were strangers” (1949), y después, para una segunda película, deciden adaptar “La reina de África”, la novela de C. S. Forester, escrita en 1946, que la Warner, poseedora de sus derechos, estaba deseosa de vender, al considerarla poco comercial por el hecho de que los protagonistas de la historia fueran dos personas mayores sin atractivo físico. Pero una vez adquiridos, necesitaban una estrella, para lo que se pusieron en contacto con Katherine Hepburn, y fue después cuando surgió el nombre de Bogart, a quien gustó el proyecto, amén de haber rodado ya cuatro películas con Huston. Al parecer, el director, para convencerlo, le dijo que el héroe era ruin y que él era el más ruin de la ciudad, y por tanto el más apropiado para el papel.
Andrew Scott Berg, en su libro “Recordando a Kate”, evoca los recuerdos de la actriz sobre cómo Huston la dirigió.
«El segundo día de rodaje […] Huston fue a verla a su choza, aparentemente para tomar una taza de café. ─Sin entrometerse en mi trabajo─ explicó Kate más tarde, John me sugirió amablemente que tenía algo que decir sobre mi papel. Acababa de interpretar una escena terriblemente triste. Todo era muy solemne. Pero a él no le parecía que la vieja Rosie fuera alguien triste, y que sería bastante pesado que se pasara así toda la película.
En esencia, Huston trataba de hacerle ver la diferencia entre ser solemne y ser seria.
─¿Has visto alguna vez esos documentales en que aparece Eleanor Roosevelt visitando a los soldados en los hospitales? ─le preguntó.
Kate los había visto.
─Todo era muy serio ─dijo él─. Pero Katie, querida, nunca era adusto. Porque ella siempre lucía aquella encantadora sonrisa. Tú tienes esa dulce boca con las comisuras hacia abajo, Katie, y transmites coraje cada vez que sonríes.
En un tono extremadamente educado, sugirió que Hepburn adoptara la actitud de Eleanor Roosevelt diciéndose: “Barbilla alta, chica. Las cosas irán mejor. Ten fe. Y siempre la sonrisa. Una sonrisa de circunstancias”.
Huston salió de la choza sin decir nada más. Simplemente había arrojado una piedra a un lago. El agua se rizó en cada escena de la película, definiendo el carácter de Hepburn.
─¿Sabe? ─dijo Kate años más tarde─. La gente se pregunta a menudo cómo trabajan los directores. Y, por supuesto, cada uno trabaja de manera diferente. Pero esas pocas palabras que John me dijo fueron pura inspiración. Fue la mejor manera de dirigir a un actor que jamás había visto y que jamás volví a ver.»
La película se rodó en África, en escenarios naturales, hecho insólito en el Hollywood de la época, y el rodaje estuvo lleno de incidentes. El equipo tuvo que convivir con la lluvia, el mal tiempo, el barro, los insectos y las serpientes. Algunos padecieron lepra y malaria, y prácticamente todos disentería por las pésimas condiciones del agua que bebían. Pero ni Bogart ni Huston cayeron enfermos, porque, según Hepburn “Estos dos enclenques indisciplinados tenían tan forrado su interior con alcohol que ningún bicho podía vivir esa atmósfera”. Bogart lo confirma: “Todo lo que yo comía eran frijoles asados, espárragos enlatados y whisky escocés. Cada vez que una mosca me picaba a mí o a Huston, caía muerta”.

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