CHAVELA

En los últimos meses, encender la tele, leer la prensa, o escuchar la radio, se ha convertido en la ceremonia de asistir en vivo y en directo a la crónica de una lenta muerte anunciada, la del Estado del Bienestar, cuyo derrumbe supera con mucho los augurios de los más pesimistas.
Y entre tantas malas noticias referidas a la Sanidad, a la Enseñanza, a las empresas públicas, a los recortes, al funcionariado, al paro, a los inmigrantes, y a la nula viabilidad económica de nuestro país, se cuelan otras menos trágicas, tristes simplemente, como la de la muerte de Chavela Vargas.
Yo la vi cantar hace unos años en el teatro Lope de Vega de Sevilla, en uno más de sus conciertos de despedida, con un lleno hasta la bandera; austera en su gesto y en su atuendo, como si solo pudiera permitirse el lujo de su voz rota y profunda, que salía de sus entrañas, y quemaba.
Hacía tiempo que esperaba impaciente, provocándola, a la muerte, a la que trataba más como amiga que como enemiga; y la muerte, quizás por llevarle la contraria, anduvo dándole esquinazo, hasta que harta ya, se dio por vencida y se la llevó el pasado cinco de agosto, tres años después de que, en su casa de Tepoztlan, hiciera estas declaraciones a Pablo Ordaz el 10 de mayo de 2009:
“Soy consciente de que ya voy terminando mi jornada. (…). Me topo conmigo y hablo. Me dice la Chavela: vas bien por ahí. Quisiste ser libre y yo te he mantenido libre. Sigue así, sigue adelante. Termina tu jornada, que el final ya va a ser pronto y muy hermoso. Y yo le doy las gracias. Ya voy teniendo ganas de descansar para siempre. Yo no le debo nada a la vida ni la vida me debe ya nada a mí. Tengo ganas de recostarme en el regazo de la muerte, que debe de ser bellísimo, muy bello. Tal vez por eso le tenemos tanto miedo a ese momento. Porque debe de ser hermosísimo.”
Yo creo que sí, que debe de estar bien descansar cuando uno ya ha caminado su jornada, y ha interpretado con más o menos gracia o donosura el papel que le había sido asignado en este mundo. Y me gusta pensar que ella ahora debe de estar feliz, contemplándonos desde alguna parte, o cantando, con un tequila y un cigarrillo entre sus dedos.

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Un comentario el “CHAVELA

  1. Me ha encantado cómo has escrito esta entrada…

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