AÑORANZA

El sol cada tarde se pone más temprano. Agosto se acaba, y al tiempo que se acercan las hojas muertas del otoño, un vago y familiar deseo de actividad y renovación se despereza lento dentro de nosotros. Después todo serán prisas, y se irán sucediendo sin solución de continuidad los días y las semanas hasta que poco a poco se pierda en el horizonte el tiempo hedonista y perezoso del verano, en el que abandonarte sin hora y sin horario era un lujo al alcance de la mano.
Mientras escribo estas líneas veo un mar tornasolado, y un sordo rumor de olas oscuras mece incesante mis oídos.
De pronto me levanto, apago el ordenador y me voy a la playa, a correr, a echar toxinas fuera, y a vacunarme contra la añoranza que, un año más, acechante aguarda suplicando otra oportunidad.
Al fin y al cabo aún es hoy, y el presente es la mejor conjugación.

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