LA GRAN CASA

“Estaba lloviendo y llegó calado hasta los huesos, con el pelo pegado a la cabeza. Entró en la cocina sin quitarse el abrigo mojado y los zapatos cubiertos del barro del parque. Yo estaba leyendo el diario, como suelo hacer a esa hora, y él se quedó de pie ante mí, mientras las gotitas de agua caían sobre las páginas abiertas. Tenía el rostro desencajado, y en un primer momento pensé que le había pasado algo terrible, un accidente casi fatal, o que había presenciado una muerte en las vías del metro. Entonces dijo: ¿Te acuerdas de aquella planta? No comprendí adónde quería ir a parar, empapado como estaba, mirándome con ojos relucientes. ¿El ficus?, pregunté. Sí, contestó, el ficus. Pusiste más interés en la salud de esa planta del que me has dedicado a mí en años, me espetó. Me quedé sin palabras. Él sorbió por la nariz y se enjugó el rostro con la mano. No recuerdo la última vez que me preguntaste mi opinión sobre algo, sobre algo que te importara. Instintivamente, hice ademán de acercarme a él, pero se apartó. Vives perdida en tu propio mundo, Nadia, y en las cosas que pasan en él, y has cerrado todas las puertas. A veces te miro mientras duermes. Me despierto y te miro y me siento más cercano a ti cuando estás así, desprotegida, que si estás despierta. Despierta eres como alguien que tiene los ojos cerrados y está viendo una película que se proyecta dentro de sus párpados. Ya no puedo acercarme a ti. Hubo un tiempo en que sí podía, pero ya no, hace mucho que no. Y tú no pareces tener el menor interés por acercarte a mí. Me siento más solo contigo que con cualquier otra persona, más incluso que cuando voy solo por la calle. ¿Te imaginas lo que es eso?”
¡Ufff! ¡Qué susto! He tenido una pesadilla dentro de la cual vivía la pesadilla del derrumbe de mi matrimonio y los reproches que, un día de lluvia en el que él llegó a casa más tarde de lo habitual, me hacía mi marido. Me despierto sobresaltada, pero después, cuando compruebo que la cosa no va conmigo y que se trata solo de una novela, me tranquilizo.
La protagonista de esta historia de Nicole Kraus es una escritora llamada Nadia, y su rostro, a pesar de que es una criatura de ficción, me resulta extrañamente familiar, y ahora que lo pienso, el de su marido S, también.
En fin, cosas que pasan, a lo mejor los he conocido en alguno de mis sueños, o más probablemente en alguna de esas películas de Woody Allen de intelectuales neoyorkinos con psicoterapeuta de cabecera que se pasan la vida charlando en su casa, en galerías de arte, o en restaurantes, y que siempre están en crisis con sus parejas y acaban separándose.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s