UNA DECLARACIÓN DE AMOR

¡Oh, encantadora belleza orgánica que no se compone ni de pintura al óleo, ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril de la vida y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira los omóplatos cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que desciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y cómo la estructura de los brazos corresponde a la de las piernas. ¡Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano! ¡Fiesta para morir luego sin un solo lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo! ¡Déjame tocar devotamente con mi boca la Arteria femoralis que late en el fondo del muslo y que se divide, más abajo, en las dos arterias de la tibia! ¡Déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos!”

De esta inusual manera, y en francés, se declara Hans Castorp, el joven protagonista de “La montaña mágica”, a Mme. Chauchat, y ella, pese a escuchar palabras tan profundas, no se lo toma muy en serio, le pone un gorro de papel, lo llama príncipe Carnaval, y se va.
Y es que él le está diciendo algo así como que entre todas las combinaciones de moléculas posibles que podrían haber dado lugar a cualquier otra forma de materia orgánica, a él le gusta precisamente esa en la que consiste Mme. Chauchat, “imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba”.
Una forma muy original de actualizar el Carpe Díem, entiendo.

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