EL VICIO DE LA LECTURA

Jean-Jacques Henner-La liseuse

A menudo me encuentro con personas que leen mucho cuyos puntos de vista trillados y carentes de originalidad o brillantez, no concuerdan con la idea que ellos tienen de sí mismos; suele ser gente enterada, que se ofende, o exhibe una cierta susceptibilidad, cuando en su presencia confiesas no haber leído o no estar interesada en alguna novedad de su predilección.
¿De qué le sirve a esta gente lo que lee?, me pregunto.
No parece ser este un tipo exclusivo de nuestra época, porque ya la escritora norteamericana Edith Wharton (1862-1837) se fijó en él y lo diseccionó en su ensayo “El vicio de la lectura”, en el que opone “el lector mecánico” al “lector nato”, que es el que lleva, por así decirlo, la aptitud de la lectura incorporada a su código genético, y que lee con la misma facilidad que respira, sin hacer aspavientos, y considerando esto como lo más normal del mundo. Según la Wharton, el que no ha nacido con esta aptitud, no tiene nada que hacer, y por más que lo intente nunca será un buen lector, todo lo más un consumidor de literatura intrascendente, que, siempre que se quede ahí y no intente meterse en berenjenales de más calado intelectual, no hace daño a nadie.
Dejando de lado el hecho de que esta clasificación es demasiado radical y excluyente, elitista por supuesto, lo que sí parece obvio es la existencia de este tipo de lector trivial, que propicia una literatura basura hecha por escritores ávidos de complacerlo, y, al menos en nuestro país, una industrial editorial a su servicio.

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