UN PÁLIDO REFLEJO

¿Qué te queda, a la hora de la cena, de las pesadillas de la noche anterior? Intento describirla, pero ya se me ha desvanecido la impresión nerviosa bajo cuyo efecto hoy me he levantado, y por más que intento captarlas solo veo un pálido reflejo de las imágenes de mi sueño, como contempladas a través de un espejo sucio. Sé que he gritado, que huía de algo, y que decía que no y que no, y que después abría mi armario y lo encontraba lleno de paquetitos de droga, como los de los alijos de los que se incauta la policía en los noticieros, y que me escapaba corriendo angustiada tras una sombra; hasta que, sin previo aviso, adelantada, como acudiendo en mi socorro, la alarma de mi móvil sonó, y poco a poco fui volviendo en mí, y reconociendo el tranquilizador perfil de los objetos que me rodeaban, la cómoda, los cuadros, mis libros sobre la mesita, y el inmenso árbol tras mi ventana. Afuera se ven luces. Aún es de noche. Como ahora.

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