LUNES, PRIMERA HORA

Me despierto antes de tiempo, con la sensación de que ya debería de haber sonado el despertador. Miro la hora. Son las 5.30. Aún me puedo quedar un ratito en la cama. Vuelvo a despertarme. 6.30. Cinco minutos más. Me vuelvo a quedar adormilada. La ducha. El placer del chorro de agua caliente sobre mi cabeza. Me seco y me visto en un pis plas. Un café apresurado me quema la garganta. Ya voy tarde. No llego seguro. Primero salvar el tráfico de la autopista, y después aparcar, que es lo peor. Entro en clase. Risa y estupor. Todo el mundo se desternilla de risa porque resulta que estoy en pijama. Sudor. Azoramiento. Bochorno. De pronto suena la alarma. ¡Qué alivio! De un salto me levanto y me meto en la ducha; en menos de 10 minutos estoy al volante de mi coche, y cuando entro en clase mis alumnos están ya sentados esperándome, medio dormidos todavía. Y es que es lunes, y encima primera hora.

EL MALENTENDIDO

Albert Camus - El Malentendido
Meursault, el hombre que en “El extranjero”, de Camus, dispara un día en la playa cuatro tiros sobre un árabe, y lo mata porque sí, porque hacía mucho calor, cuando está en la cárcel a la espera de ser juzgado, para no aburrirse se entretiene con sus recuerdos y con la historia del checoslovaco, que ha encontrado en un amarillento trozo de periódico entre el jergón y la tabla de la cama. Se habla en ella de un hombre que partió un día de su pueblo para hacer fortuna, y que al cabo de 25 años, ya rico, vuelve, con su mujer y su hijo, a los que deja en una pensión, mientras que va a casa de su madre, que no lo reconoce; y él, por broma, en vez de descubrir su identidad, muestra su dinero y toma allí una habitación; pero el forastero es rico, así que hay que robarle, y después matarlo y deshacerse del cadáver. ¡Qué tragedia cuando las dos mujeres se enteran por la mañana de la verdad! La madre se ahorca y la hija se tira a un pozo. Este es el argumento de “El malentendido”, la obra de teatro de Camus, que él incrusta aquí como una perla. Un excelente ejemplo de intertextualidad.

EL PRIMER HOMBRE

El Primer Hombre

Cuando murió Albert Camus, a los 47 años, en un accidente automovilístico, en el coche en el que viajaba se encontró el manuscrito de “El primer hombre”, obra póstuma e inconclusa, en la que Camus, bajo el nombre de Jackes Cornery, narra su infancia y sus orígenes, y cómo pudo romper el destino de exclusión al que estaba predestinado.
Huérfano de padre, creció con una madre analfabeta y casi sorda, y una abuela tiránica.
Su profesor, Louis Germain (al que siempre estuvo agradecido hasta el punto de dedicarle el discurso de recepción del Nobel), del que recibía clases gratuitas, convenció a su madre y a su abuela para que lo dejaran solicitar una beca que le permitiría seguir estudiando en el liceo. Aceptaron a regañadientes, pero al final Albert consiguió pasar la prueba.
Cuando en el liceo le entregaron un formulario en el que tenía que indicar la profesión de su madre, primero escribió “ama de casa”, pero después su compañero Pierre le explicó que lo de ama de casa no era una profesión, porque las amas de casa no se ocupaban de las tareas domésticas de los otros, y que mejor pusiera “criada”.
«A Jacques nunca se le había ocurrido esta idea por la simple razón de que esa palabra, demasiado rara, nunca se pronunciaba en su casa —debido también a que ninguno de ellos tenía la impresión de que trabajaba para los otros: trabajaba ante todo para sus hijos—. Jacques empezó a escribir la palabra, se detuvo y de golpe conoció la vergüenza y la vergüenza de haber sentido vergüenza.»

THE SLAVE SHIP

Turner+barco negrero+Traficantes de esclavos arrojan a los muertos y a los agonizantes por la borda - el tifón se aproxima), 1840
En su cuadro “The slave ship” (1840), Turner denuncia unos hechos ocurridos en 1781, cuando un barco negrero inglés, el Zong, tiró a 133 esclavos vivos por la borda con objeto de poder cobrar un seguro; en él podemos contemplar un mar rojo sangre después de una tempestad, con un barco al fondo, manos que asoman luchando por encima del oleaje y una pierna engrilletada sobre la que se lanzan los peces. La escena es brutal, y al verla se llega a la conclusión de que es preferible la ciega crueldad de la naturaleza, a la inhumanidad de los hombres. Turner lo subtituló: «¡Esperanza, esperanza, falaz esperanza! ¿Dónde está ahora tu mercado?»

POETAS

La lengua es un instrumento de comunicación, una herramienta si se quiere, y tengo el convencimiento de que, al margen de las normas, cada uno de nosotros la domina a la perfección, en el sentido de que conseguimos nuestro objetivo de comunicarnos dentro de nuestro propio ámbito, que se reduce precisamente al mundo que creamos con ella. ¿Acaso un agricultor no sabe explicar todo lo relacionado con su campo y sus cosechas? ¿Acaso un enamorado no encuentra las palabras adecuadas para expresar el amor que siente? ¿O un vendedor no pregona mejor que un catedrático las excelencias de su producto? Somos lo que hablamos. Hay hablantes que se conforman con saber que hay sol, árboles, lagos y montañas, y no necesitan más palabras que estas para nombrarlos. Otros, en cambio, empeñados en descubrir cómo es cada rosa, y el color del mar en cada hora del día, y la forma exacta de cada nube que se acerca, emplean la lengua con la precisión de un bisturí láser. Son los poetas.

ALCESTIS

alcestis

En cita inaplazable convocado,
Admeto se negaba a habitar
el reino de las sombras;
partió por él Alcestis,
su mujer,
que a su regreso
(pues fue rescatada por Heracles),
se dedicó a cambiar
el mobiliario de la casa
por otro más alegre,
a entrar y a salir,
intentando
hacer borrón y cuenta nueva,
y divertirse.

NOTA.-Eurípides, en su tragedia “Alcestis”, nos habla de Admeto, rey de las profundas llanuras de Tesalia, cuya hospitalidad era legendaria, hasta el punto de que el mismo Apolo bajó a la tierra para cuidar, a cambio de un salario, sus rebaños, e incluso consiguió lo imposible, que por él las Moiras dejaran de tejer; y cuando, al fin, fue convocado en cita inaplazable, fue suplicando a todos, a sus amigos, y a sus ancianos padres, que realizaran por él el infernal viaje; mas solo Alcestis, su mujer, accedió; por tanto, ella murió, pero el mismo día del duelo Heracles pasó casualmente a visitarlo, y cuando por los criados supo de las terribles nuevas no dudó en viajar al Hades a arrebatar a Alcestis de los brazos de Tanatos, y devolvérsela a Admeto.

EN LA PELUQUERÍA

─¿Hace mucho frío en la calle?
─No, qué va.
─Oye, que estaba pensando que si me aclaro las puntas, a mí que ya tengo el pelo seco de por sí, se me va a secar más todavía.
─Pues sí, la verdad es que la decoloración seca un poco.
─Es que mi hija se lo decoloró el otro día, y ella que tiene el pelo graso, y se le ha secado.
─No, el pelo no es graso, el pelo está muerto; lo que podemos tener graso es el cuero cabelludo.
─Sí, eso. El caso es que yo tengo el pelo seco y estropeado, y no sé qué hacer.
─Sí, la decoloración estropea un poco, pero sí se pone después una buena mascarilla, no tiene por qué tener problemas.
─La verdad es que no sé qué hacer.
─Bueno, la decisión es suya.