EL PRIMER HOMBRE

El Primer Hombre

Cuando murió Albert Camus, a los 47 años, en un accidente automovilístico, en el coche en el que viajaba se encontró el manuscrito de “El primer hombre”, obra póstuma e inconclusa, en la que Camus, bajo el nombre de Jackes Cornery, narra su infancia y sus orígenes, y cómo pudo romper el destino de exclusión al que estaba predestinado.
Huérfano de padre, creció con una madre analfabeta y casi sorda, y una abuela tiránica.
Su profesor, Louis Germain (al que siempre estuvo agradecido hasta el punto de dedicarle el discurso de recepción del Nobel), del que recibía clases gratuitas, convenció a su madre y a su abuela para que lo dejaran solicitar una beca que le permitiría seguir estudiando en el liceo. Aceptaron a regañadientes, pero al final Albert consiguió pasar la prueba.
Cuando en el liceo le entregaron un formulario en el que tenía que indicar la profesión de su madre, primero escribió “ama de casa”, pero después su compañero Pierre le explicó que lo de ama de casa no era una profesión, porque las amas de casa no se ocupaban de las tareas domésticas de los otros, y que mejor pusiera “criada”.
«A Jacques nunca se le había ocurrido esta idea por la simple razón de que esa palabra, demasiado rara, nunca se pronunciaba en su casa —debido también a que ninguno de ellos tenía la impresión de que trabajaba para los otros: trabajaba ante todo para sus hijos—. Jacques empezó a escribir la palabra, se detuvo y de golpe conoció la vergüenza y la vergüenza de haber sentido vergüenza.»

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