LUNES, PRIMERA HORA

Me despierto antes de tiempo, con la sensación de que ya debería de haber sonado el despertador. Miro la hora. Son las 5.30. Aún me puedo quedar un ratito en la cama. Vuelvo a despertarme. 6.30. Cinco minutos más. Me vuelvo a quedar adormilada. La ducha. El placer del chorro de agua caliente sobre mi cabeza. Me seco y me visto en un pis plas. Un café apresurado me quema la garganta. Ya voy tarde. No llego seguro. Primero salvar el tráfico de la autopista, y después aparcar, que es lo peor. Entro en clase. Risa y estupor. Todo el mundo se desternilla de risa porque resulta que estoy en pijama. Sudor. Azoramiento. Bochorno. De pronto suena la alarma. ¡Qué alivio! De un salto me levanto y me meto en la ducha; en menos de 10 minutos estoy al volante de mi coche, y cuando entro en clase mis alumnos están ya sentados esperándome, medio dormidos todavía. Y es que es lunes, y encima primera hora.

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