CLASES

Explico a mis alumnos que en Luces de bohemia se da una elaboración artística del modo de hablar popular y arrabalero, y uno levanta la mano y me pregunta que eso dónde va en el examen. Y de pronto me viene a la memoria la evocación que de su clases en la Universidad hizo Nabokov como respuesta a la pregunta de un periodista sobre cómo el éxito de Lolita había influido en su vida.
“Abandoné la enseñanza… ese es casi el único cambio. Vea usted, me gustaba enseñar, me gustaba Cornell, me gustaba componer y pronunciar mis conferencias sobre escritores rusos y sobre los grandes libros de Europa. Pero alrededor de los sesenta años, especialmente en invierno, empieza uno a sentir que se hace duro el acto físico de enseñar, el levantarse a hora fija casi todas las mañanas, la lucha con la nieve en el camino de la entrada, la marcha a través de largos corredores hasta el aula, el esfuerzo de trazar en la pizarra un mapa del Dublín de James Joyce o la distribución de un coche con literas del expresso entre san Petersburgo y Moscú en la década de 1870… sin el conocimiento de lo cual, ni Ulysses ni Anna Karenina, respectivamente, tienen sentido. Por alguna razón, mis recuerdos más vívidos se relacionan con los exámenes. El gran anfiteatro de Goldwin Smith. Exámenes de las 8 a las 10.30 de la mañana.Unos 150 estudiantes… muchachos sucios, sin afeitar, y muchachas razonablemente bien arregladas. Sensación general de tedio y desastre. Ocho y media. Tosecitas, gargantas nerviosas que se aclaran, montones de ruídos que entran, crujir de páginas. Algunos de los mártires sumidos en meditación, con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Me encuentro con una mirada obtusa dirigida a mí, que con esperanza y con odio ve en mí la fuente del saber oculto. Chica de gafas que se acerca a mi escritorio para preguntar. “Profesor Kafka, ¿quiere que digamos que… ? ¿O quiere que contestemos solo la primera parte de la pregunta? La gran fraternidad de los mediocres, espina dorsal de la nación, escribiendo rápida y firmemente. Un crujido que suena simultáneamente, la mayoría que vuelve una página de sus notas, buen trabajo de equipo. Una muñeca con calambre que se sacude, la tinta que se acaba, el desodorante que no resiste. Cuando descubro miradas puestas en mí, inmediatamente se levantan al cielorraso en piadosa meditación. Los vidrios de la ventana que se empañan. Muchachos que se quitan los suéters. Chicas que mastican goma en acelerada cadencia. Diez minutos, cinco, tres, la hora”.

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4 comentarios el “CLASES

  1. INSOMNE dice:

    Lolita… ¡Ay, Lolita!

    • drigutcar dice:

      “Para mi nínfula necesitaba un diminutivo que tuviera una cadencia lírica. Una de las letras más límpidas y hermosas es la “L”. El sufijo “ita” tiene mucha ternura latina, y también requería eso. De ahí Lolita. Pero no hay que pronunciarlo como la mayoría de los norteamericanos, Louliita, con una “L” pesada y una “o” larga. No. La primera sílaba tiene que sonar como la de “lollipop”, la “L” líquida y delicada, la “li” no demasiado marcada. Los españoles y los italianos, desde luego, la pronuncian exactamente con la necesaria nota de travesura y gracia.” Palabra de Nabokov.

  2. INSOMNE dice:

    ¿dónde hay que firmar para que te hagan profa del año?
    Mañana hablo con Wert y vemos lo que se puede hacer.

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