LA PUERTA DE BRONCE

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¿De qué color es la infelicidad? ¿Y el aburrimiento?
«Mrs. Sutton-Cornish le miró inexpresivamente por encima de la bordada funda de la tetera. Sus ojos castaños eran mates, desdeñosos, del color de las castañas secas, no de las tiernas. El resto de su cara grande parecía gris. La tarde de finales de octubre era gris, y también lo eran las pesadas y largas cortinas, con iniciales bordadas, que cubrían las ventanas. Incluso los antepasados que pendían de las paredes eran grises; todos ellos, salvo el malo, el general».
En La puerta de bronce, un relato corto, con cierto tufillo gótico, de Raymond Chandler, todos los objetos, los muebles de la casa, y los personajes, van de gris; y tanto gris da igual que se pierda en la grisura, o en la nada, adonde, nada más cruzar la misteriosa puerta de bronce van yendo todos a parar.

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