BORGES Y HEMINGWAY

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Borges, tan distinto de Hemingway en su manera de vivir y de escribir, lo acusó de ser un matón y un pistolero literario, y cuando este murió, descerrajándose un tiro en la cabeza, en su casa de Ketchum, Idaho, dijo de él que se había suicidado porque no sabía escribir.
En cierta ocasión, y entre vapores etílicos, Hemingway le envió a Borges una postal con el siguiente texto:

«Querido Jorge:

Mi amigo cubano Lino Calvo me dio El Aleph, aquí en El Floridita, la catedral del daiquiri. Lógicamente, un buen libro. Andan diciendo que eres el mejor escritor en español, puedes besarme el culo, nunca sacaste una pelota del campo de juego. Tomaste la literatura muy solemnemente. Descubriste la vida tarde. Ven hasta aquí y lucha por tu libertad con un personaje como yo, que tiene 50 años, pesa 135 kilos y piensa que eres una mierda.
Jorge, te golpearía bien el trasero. ¿Qué te parece ahora, caballero?
Sinceramente Papa»

Y lógicamente esta carta le sentó como un tiro a Borges, que acabó vengándose de Hemingway y pagándole con la misma moneda.
Esta sería una buena teoría si no fuera porque en realidad la carta constituye una broma literaria de José Emilio Pacheco, que quiso reírse un poco a costa de la tan traída y llevada enemistad.

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