EN CLASE DE BODY PUMP

Cuando asistes por primera vez a una clase de Body Pump, piensas que has aterrizado en otro planeta, por la gente super cacha que ves allí, los pumpers, que se atreven a levantar repetidas veces durante una hora una barra con varios discos de cinco kilos de peso cada uno, por el argot que se utiliza, tracks, sentadillas, power press, por la música estridente que acompaña a la actividad y en general por toda la parafernalia que la rodea. Todo es muy técnico, los movimientos están calculados al milímetro, para que no te lesiones y ejercites determinados grupos musculares, y los buenos pumpers se conocen de memoria qué es lo que hay que hacer en cada momento, cuándo hay que cambiar el peso de la barra, o la cogida. Y como hace falta mucho material, step, esterilla, mancuernas de diferente calibre y discos de diferentes tamaños también, la sala parece un bazar. Pero cuando entre track y track, la gente aprovecha para ir a colocar en su sitio lo que ya no le hace falta, Chema, el monitor, en ademán teatral, les llama la atención, y les dice: bueno, los juguetes los recogéis después.

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