EL RETRATO

El retrato, Gogol

San Petersburgo es un hervidero humano, y en su gran arteria central, la avenida Nevski, puede ocurrir cualquier cosa. Gogol nos la describe en algunos de sus relatos.
En «El retrato», la vida del joven e idealista pintor Chartkov cambia a raíz de la adquisición de un cuadro muy bien ejecutado, que representa a un hombre de inquietante mirada. De la noche a la mañana se ve rico y convertido en el pintor de moda. Pero su riqueza parece envenenada, y mientras más fama adquiere y más elogios cosecha, más ruin y mediocre se vuelve su arte. Es como si hubiera vendido su alma al diablo, y al final muere sumido en la locura.
En la segunda parte del relato, el lector descubre que el cuadro es el retrato de un prestamista, cuyo autor, un hombre muy piadoso, después de pintarlo y de observar sus efectos demoníacos, se retiró durante muchos años a hacer penitencia.
Y al cabo del tiempo, su hijo se encuentra el cuadro en una sala de subastas.
“Quiero pedirte que me cumplas un ruego, hijo mío ─dijo cuando estábamos a punto de despedirnos─. Puede suceder que algún día veas en algún sitio el retrato de que te he hablado. Lo reconocerás al momento por lo extraordinario de sus ojos y su inhumana expresión. Te pido que a toda costa lo destruyas…”.
Estas fueron las últimas palabras que el joven oyó a su padre, y mientras cuenta la fascinante historia del cuadro a los que pujaban por él, este, misteriosamente, desaparece de la pared en la que estaba colgado.

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