LIMPIEZA

Lo primero que me asalta nada más entrar en mi cuarto de baño es la visión caótica de una cantidad desmesurada de botes de diferentes tamaños y colores. La verdad es que no me puedo quejar; tengo a mano un buen surtido de geles, champús, cremas nutritivas, bronceadores, sérums, tónicos, perfumes, leches limpiadoras, y no sé cuántos productos más. De repente, me agobio, y tengo la sensación de que llevo viéndolos ahí toda la vida, como si fueran imperecederos y no se gastaran nunca. Lo que pasa, me digo, es que eres una novelera, y no usas más que lo que acabas de comprar, y al resto que le den. En mi armario, idéntico panorama. Jerseys, blusas y abrigos se acumulan en él sin esperanza de redención posible. Y en cuanto a libros, me urge hacer un escrutinio y deshacerme de los que desde hace tiempo duermen ya el sueño de los justos, que no creo que vuelva a abrir nunca más. Me hago el propósito de ponerme manos a la obra en cuanto pueda, y deshacerme de lo que me sobra. Bolsas y bolsas que, según el caso, irán directamente a la basura o a los contenedores de reciclaje. ¡Qué afán por liberar el espacio y contemplarlo todo limpio y despejado! Algún sabio dijo que envejecer era un irse despojando de lo superfluo. En eso estamos.

RENTRÉE

Poco a poco, vuelta a la normalidad, a la rutina de los madrugones y el horario reglado. Caras nuevas en el Instituto. Saludos y presentaciones de rigor. Se me acerca Spencer, el lector de inglés del curso pasado. Canadiense. Joven y cordial. En unos meses ha progresado mucho su español. Está aquí de paso. Este año se va a Murcia a trabajar. Le digo que creo que es un buen sitio. Sevilla tiene la fama, pero allí también se vive estupendamente. Gracias, me responde, como si le estuviera dando una carta de presentación. Acto seguido saca algo de su mochila. Mira, llevo aquí este libro que me recomendaste. Se trata de una traducción inglesa de el Quijote. Me gusta mucho, afirma; es muy cómico; Cervantes tiene mucho sentido del humor. Sí, claro, y además, en el fondo, hay un poco de don Quijote en cada uno de nosotros. Empeñados, pese a las derrotas, en pelearnos con gigantes que no son más que humo, o molinos de viento. Ciegos ante la Aldonza que cada Dulcinea lleva dentro. ¡Qué sabio Cervantes! ¡Y Shaskepeare! Los dos gigantes de la literatura universal. Antes de despedirnos le recomiendo un ensayo de Bertrand Russell que he leído este verano y que me ha gustado mucho, “El camino de la felicidad”. Lo anota diligente. Seguro que me encanta. Y entro en clase.