VEJEZ

auden_wystan_hugh
Primavera. Verano. Otoño. Invierno. Las cuatro estaciones del año. Las cuatro estaciones de la vida. Valle. Las sonatas. Las memorias del Marqués de Bradomín.
Sobremesa con unos amigos.
La mayoría tienen padres mayores, con achaques físicos, enfermedades, o demencia senil. En cambio, otros, ya hace tiempo que los perdimos.
Divagamos sobre la tercera edad, sobre el sentido utilitarista de nuestra sociedad, que arrumba a los viejos en los asilos, como fardos, muebles inútiles u objetos inservibles. En el asilo pierden sus raíces. El asilo es la muerte.
A mí no me gustaría acabar en un asilo.
Ni a mí tampoco.
De pronto, alguien saca a colación estos versos de W.H.Auden, que resumen, ¡y cómo ¡, lo que hablamos.

ASILO DE ANCIANOS

Todos poseen un límite: cada uno
tiene un matiz de daño muy distinto. La élite
es capaz de arreglarse por sí misma,
caminar apoyada en un bastón,
leer completo un libro, interpretar
movimientos de fáciles sonatas.
(Pero acaso la libertad carnal
es el veneno del espíritu:
conscientes de lo que ha sucedido y el porqué
abominan su tristeza sin lágrimas.)
Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio
que soporta la tele
y guiado por amables terapeutas
canta en comunidad.
Después los solitarios que musitan
palabras en el limbo, y al final
los que ya son del todo incompetentes
y como una parodia de las plantas
(ellas pueden sudar sin ensuciarse).
No obstante, hay algo que los une:
todos aparecieron cuando el mundo,
a pesar de sus males,
era más habitable y más vistoso
y los viejos tenían auditorio
y un lugar en la tierra.
(El niño reprendido por su madre
podía refugiarse con la abuela para ser consolado
y escuchar algún cuento.)
Hoy ya todos sabemos qué esperar,
mas su generación es la primera
que se ha desvanecido de este modo:
No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada
como se arrumban fardos indeseables.

Mientras voy en el Metro para estar
media hora con una del asilo,
recuerdo quién fue ella en su esplendor.
Entonces visitarla era un orgullo
y no una caridad.
¿Seré tan frío como para esperar
un somnífero rápido, indoloro;
o bien para rogar, como ella ruega,
que Dios o la naturaleza precipiten
su función terrenal?
1970

Versión de José Emilio Pacheco

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s