SOBRE POR QUÉ LA MERKEL HACE LO QUE HACE

Rafael-Poch-para-Jot-Down-1

Transcribo parte de las interesantes declaraciones de Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956), corresponsal internacional de “La Vanguardia”, a la revista cultural Jot Down.

«-En tus crónicas desde Berlín has destacado que el momento clave fueron las reformas de Gerhard Schröder.

Sí, marcan un punto de inflexión, pero la película empieza en la Reunificación. La primera idea es que Alemania, en este proceso que ha sido calificado por Fontana o Krugman como el de la Gran Desigualdad, estaba retrasada. En Europa, desde los años 70, asistimos a una gran ofensiva del capital que se come las conquistas sociales del consenso de posguerra, tanto en Europa occidental como en Estados Unidos. Empezó con Carter y siguió con Reagan y Thatcher en Inglaterra. Pero Kohl no pudo hacer esto porque estaban en la primera frontera de la guerra fría. Tenían enfrente una república democrática alternativa, cuya imagen de marca era el estado social. Esto obligó a la RFA a adoptar un capitalismo, que llamaban renano, marcadamente social. Todo esto se acaba con la Reunificación, en cuanto deja de existir la alternativa, el establishment occidental empieza a tener la libertad de hacer lo de Reagan, Thatcher e incluso Mitterand y los suecos.
Entonces, como llegan con retraso, llegan también con ansiedad. En ese contexto, se comen los tremendos costes de la Reunificación, que costó muchísimo dinero. Se habla de dos billones de euros, eso corresponde al 8% del PIB a lo largo de 25 años. Son gastos enormes que explican la obsesión alemana por la austeridad. Además, surge tras 1990 la gran reunificación mundial. Es la nueva oportunidad de marcar un modelo de relaciones laborales diferente. Se incorporó al mercado de trabajo todo el bloque del Este, más China e India. Todo eso dobló el número global de trabajadores. Añadió 1400 millones más de obreros, lo cual alteró la correlación de fuerzas entre capital y trabajo en beneficio del primero.
En Alemania el Este se utilizó como polígono de pruebas, con salarios bajos y precariedad. Esto repercutió en Alemania Occidental. Si los sindicatos decían que no a algo, se llevaban la fábrica al Este. Entre el año 90 y 2003 las reformas no fueron todavía posibles porque estuvieron muy ocupados en digerir toda la reunificación. Fue a partir del año 2000 cuando se crea el consenso de Lisboa en Europa, lo de la competitividad y todo esto, cuando Alemania comienza a desarrollar con mucho retraso la agenda neoliberal.
Kohl ya había empezado, pero no pudo por razones obvias. Entonces, quién mejor que una coalición de izquierdas para hacer el trabajo sucio. Ahí estuvo el señor Schröder con su Agenda 2010, que impuso el programa de recortes más importantes de la historia de la posguerra alemana. Y en eso estamos. Entre 2003 y 2006 todo son reformas laborales y sociales, que tienen un resultado ambiguo. Porque en Alemania se dice, sobre todo al exterior, que tienen éxito porque han hecho las reformas, mientras que los científicos sostienen que en realidad lo que hubo fue una mejora de la coyuntura general que disparó sus exportaciones. No obstante, ahí está la trampa ideológica de hacer ver que este éxito exportador tiene que ver con los salarios más bajos, cosa que no es verdad, y está trayendo muchísimos problemas.

-Escribiste que en los últimos años de Merkel las reformas han ido en sentido contrario, que Alemania se aplica a sí misma medidas opuestas a las que pide que se apliquen los demás.

Merkel llega al poder en 2005 y desde ese año no ha hecho ningún ajuste. Ya le habían hecho el trabajo. No ha parado de decir: “¡Gracias, Schröder, gracias!”. Y eso que era su enemigo acérrimo. Es al revés, ahora está recomponiendo aspectos sociales, especialmente porque está en época preelectoral, con un par de medidas en esa dirección. Por eso es curioso que esta mujer diga a los demás que se aprieten el cinturón y no como ellos hicieron con la Agenda 2010, sino muchísimo más. Lo que ha hecho Grecia, lo que hace España, una devaluación interna del 20 o 30%, es mucho más fuerte que lo que sufrieron ellos.»

Dejo el enlace:

http://www.jotdown.es/2013/04/rafael-poch-china-aunque-suene-fuerte-es-de-los-mejores-paises-gobernados-del-mundo/

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ELECCIONES

Ya sé que uno de los graves problemas de nuestra sociedad es el descrédito imparable de la política, y me pregunto quién tendrá la culpa de este descrédito.
De nuevo, en esta ocasión en Asturias y Andalucía, estamos en campaña electoral, y otra vez los buzones revientan de propaganda, y la calle está llena de carteles y banderolas, y se retransmiten por televisión los distintos mítines de los candidatos, todos tan semejantes entre sí, tanto en el fondo como en la forma.
Ante este espectáculo, una sensación de “déjà vu”, mezcla de hastío, impotencia e indignación, nos invade, junto con la certeza de que al final, y para regocijo de los mercados, gane quien gane, poco se puede hacer, y poco nos va a cambiar la situación.
En cualquier caso, no sé para qué sirven estas costosísimas campañas electorales, que a los que dudamos no nos aclaran nada, y que a los que ya tienen claro su voto, no hacen más que reafirmarlos en sus convicciones.
Porque, como decía Pavese, “un discurso electoral tiene la naturaleza del rito religioso. Se escucha para oír lo que ya se pensaba, para exaltarse en la común fe y confesión.”

CONTRA LA GUERRA

En «Bola de sebo», cuento antimilitarista, Maupassant que cuando se declaró la guerra franco-prusiana en 1870, tenía veinte años, y que, a pesar de que fue movilizado, se las apañó para no tener que ir al frente, pone estas palabras en boca de la señora Follenvie, la dueña de la posada, refiriéndose a los prusianos, a los que ha tenido que alojar en su casa:
«─Pues sí, señora, esa gente no hace más que comer patatas y cerdo, y cerdo y patatas. Y no vaya usted a creer que son limpios. ¡Oh, no! Cagan en cualquier esquina, con perdón. Y si los viera usted hacer la instrucción durante horas y días; se juntan todos en un campo: y de frente, y hacia atrás, y vuelta a la derecha, y vuelta a la izquierda. ¡Si por lo menos cultivaran la tierra o trabajasen en las carreteras de su país! Pero no, señora, ¡estos militares no valen para nada! ¡Y el pobre pueblo tiene que darles de comer, a cambio de lo cual no aprenden más que a matar! Yo no soy más que una vieja sin educación, es cierto, pero al verlos derrengarse para nada, dando vueltas de la mañana a la noche, me pregunto: cuando hay gente que hace tantos descubrimientos para ser útiles, ¿es preciso que otros se tomen tanta molestia para perjudicar? Verdaderamente, ¿no es odioso matar a la gente, tanto si son prusianos como ingleses, polacos o franceses? Si uno se desquita de alguien que le ha hecho daño, está mal, puesto que a uno le condenan; pero cuando se extermina a nuestros hijos como conejos, con fusiles, entonces está bien, puesto que al que más destruye le dan condecoraciones… No, mire, ¡nunca entenderé semejante cosa!»
La guerra es absurda, viene a decir, pero ninguno de los burgueses que la escuchan, mezquinos y cicateros, pendientes nada más que de sus intereses, le hace caso, y son ellos, y no los prusianos, el verdadero blanco de las críticas de Maupassant.
Por lo demás, yo suscribo punto por punto las palabras de la vieja señora, portadoras del sentido común más elemental, porque muchas veces, escuchando ciertas noticias y viendo ciertas imágenes, no tengo más remedio que hacerme sus mismas preguntas (tan viejas como el mundo, supongo), que para qué sirven los militares, que a qué se dedican en realidad, y que por qué mientras más destruyen más condecoraciones les dan.
Y no es por nada, pero ya puestos, lo mismo me planteo respecto a los políticos, que para qué sirven, que por qué los tenemos que mantener, y que por qué, mientras peor lo hacen, más arriba están.

MOMENTO MÁGICO EN LA ÓPERA DE ROMA

El pasado doce de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentarse a la realidad: Italia festejaba el ciento cincuenta aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti.

Nabucco evoca el episodio de  la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto Va pensiero es el canto del coro de esclavos oprimidos. En Italia, este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo).

Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, a pesar de que es miembro del partido gobernante, e incluso ha sido ministro de Berlusconi, subió al escenario y pronunció un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura. Esta intervención, en presencia de Berlusconi que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.

Ricardo Muti, director de la orquesta, declaró a The Times: «La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto Va pensiero. Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión. Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente. Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el Va Pensiero, el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: «Oh patria mía, tan bella y tan perdida».

Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba Viva Italia y Viva Verdi. A Muti no le suele gustar hacer un bis en mitad de una representación. Sólo en una ocasión, en la Scala de Milan, en 1986, había aceptado hacer un bis del Va pensiero.

—Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo —dijo Muti.

Y en un gesto teatral, se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, al tiempo que alguien entre el público gritó:

—¡Larga vida a Italia!

—Sí, estoy de acuerdo, larga vida a Italia, pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del Va Pensiero.  No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó ¡Ay mi país, bello y perdido! , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria estaría de verdad bella y perdida.

(Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena.)

Muti prosiguió:

—Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el Va pensiero.

Fue un momento mágico: toda la ópera de Roma se levantó, y también el coro, y la representación de Nabucco se convirtió en un formidable grito de protesta contra los políticos que están llevando a Italia a esta situación.

En el enlace siguiente se puede ver lo acontecido esa noche.

 

http://www.youtube.com/embed/G_gmtO6JnRs